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La intimidad es un
componente esencial del vínculo marital. La intimidad sexual
es importante, pero la intimidad emocional es aún más
crucial. Idealmente, la intimidad emocional y la sexual deberían
integrarse en cada persona y, a su vez en el vínculo marital.
La intimidad emocional supone revelar los sentimientos y opiniones,
los pensamientos positivos y los negativos. Significa compartir
los puntos vulnerables y las dudas tanto como las virtudes y las
esperanzas. La intimidad supone un compromiso activo en el proceso
de la vida de pareja, no una visión estática del
matrimonio como algo ya consumado. Cada cónyuge necesita
su autoestima para poder entrar en una relación marital
verdaderamente íntima. Cuanto más alta es la autoestima
de una persona, mayor puede ser su entrega en una relación.
En cambio la persona que se siente insegura no puede ser íntima.
Para este tipo de personas, la intimidad es un intento desesperado
de usar el matrimonio como un medio de acrecentar su autoestima,
un intento condenado al fracaso. Las motivaciones positivas favorecen
las actitudes positivas, en tanto que las motivaciones negativas
rara vez llegan a redundar en una conducta positiva. Por otra
parte, la intimidad no puede compensar una baja autoestima. Es
un proceso que sigue esta dirección: la autoestima incrementa
la capacidad de ser íntimo dentro de una relación.
La intimidad sexual es un elemento distinto, pero relacionado
con lo anterior, implica una actitud de apertura para dar y recibir
placer sin pedirlo, compartir sentimientos, hacer peticiones sexuales,
ser estimulado y tener orgasmos, y disfrutar del momento posterior
al acto. La intimidad sexual integra la expresión emocional
y sexual en una experiencia que une a la pareja.
La sexualidad es mejor cuando cada cónyuge puede proponer
o rechazar, seguir fórmulas alternativas, aportar variadas
técnicas para la obtención del placer y valorar
la expresión emocional y sexual, así lograremos
un sólido bagaje para tener una sexualidad satisfactoria
a los cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta y ochenta años.
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