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Sección Sociedad El Mercurio
"Primero le tiré los pocos pelos que le quedan, lo
insulté, y luego me fui a un mall a comprar. Quería
destrozarle las tarjetas de crédito a mi marido. Ahí
pude descargar mi furia por descubrir que él me engañaba".
Así
como Marisol (55), la mayoría de las personas reacciona
con una rabia tremenda al enterarse de una infidelidad; incluso,
muchas veces toma medidas extremas.
¿Por
qué tanta ira? Porque la infidelidad es uno de los hechos
de más impacto sicológico. "Un engaño
conyugal es imposible de aceptar; nadie está preparado
para asumirlo así de primeras, porque es una traición
y una de las cosas más desestructuradoras que le puede
ocurrir a una persona. Es desgarrador, aunque la disculpa sea
me tomé unas copas de más y no me di ni cuenta,
no es llegar y asimilar", explica la sicóloga Gloria
Maureira.
Sin embargo,
después de la rabia y el dolor iniciales surgen muchas
preguntas: ¿puedo perdonar?, ¿nos separamos o lo
reintentamos?, ¿podré volver a tener confianza en
mi pareja?
Según
el sociológo Giorgio Agostini, hombres y mujeres reaccionan
de distinta manera ante estas interrogantes. "Habitualmente
los chilenos toman muy mal la infidelidad femenina, porque sienten
subliminalmente que los únicos que pueden ser infieles
son ellos. Se sienten víctimas y es difícil que
perdonen. Aproximadamente sólo el doce por ciento de ellos
realiza una introspección después del episodio y
se cuestiona el porqué de lo sucedido", explica.
En las mujeres,
si bien su primera reacción es pensar jamás voy
a permitir que me sea infiel, en la práctica no es así.
Hay una tendencia hacia la mayor aceptación, por un asunto
cultural donde se supone que los hombres son más infieles
que ellas. Algunas incluso piensan, yo sabía que alguna
vez me tenía que pasar.
"Cuando
realmente les sucede, reaccionan de otra manera, porque la mayoría
tiende a defender la familia. En un primer momento pueden golpear
a los maridos, pero ni siquiera con demasiada intensidad. Sí
he visto fantasías destructivas, como la de una mujer que
me decía yo le cortaría los testículos, les
daría un baño de oro y los colocaría en el
hall, para que cada vez que llegara a la casa se viera ahí
retratado", cuenta Agostini.
Camino hacia
el perdón
"Me ha
costado perdonar la traición de mi mujer. Estamos momentáneamente
separados, pero asistiendo a terapia. No sé si vamos a
volver, no sé si voy a olvidar", comenta Fernando.
Como él,
quienes consultan por conflictos de matrimonio creen equivocadamente
que la infidelidad es lo más grave de resolver. Lo aseguran
los terapeutas de pareja y esposos Ricardo Cariaga y Mónica
Silva: "Nosotros apostamos a que todo es perdonable, y es
posible sacar el matrimonio adelante. Lo cierto es que no es tan
fácil, pero absolutamente posible. Después de esa
fase, la del perdón, empieza una segunda, que es la de
reconstrucción de la pareja, donde la idea es elaborar
un tipo de relación más sólida que la de
antes".
Ahora bien,
¿de qué va a depender llegar al perdón y
no al divorcio?
Principalmente,
de la madurez de la pareja y de su disposición para pasar
de la etapa de la rabia a la de asumir. "La tendencia inicial
normal es a romper, porque el dolor es grande. Pero después
de las 48 horas hay un proceso reflexivo, donde los sentimientos
empiezan a integrarse a la vida", comenta Gloria Maureira.
Para lograrlo
es clave la profundidad del vínculo amoroso: si es sólido,
llegar al perdón es más fácil. "Esta
solidez se prueba justamente en los momentos difíciles.
Si no hay una relación profunda cuando surge la infidelidad,
es difícil", opinan los terapeutas.
Otro elemento
importante es la estructura de personalidad del cónyuge
engañado. Los depresivos tienden a autoculparse y les baja
tremendamente la autoestima. A los de tipo histérico les
cuesta perdonar, porque tienden a magnificar el hecho. Los obsesivos
se autoflagelan con reiteraciones permanentes, con ideas o imágenes
que los atormentan por mucho tiempo. Pueden perdonar, pero les
cuesta. Los narcicistas no superan la desconfianza y es casi imposible
que lleguen al perdón verdadero.
Existen otros
factores que influyen en el perdón, como el tipo de infidelidad.
"Por ejemplo, es una agresión tremenda para la mujer
que le pongan el gorro con alguien de más bajo estrato.
Siente que la han rebajado, que la cambiaron por una chula. Por
otro lado, según mi experiencia, es más fácil
perdonar cuando el infiel confiesa y muestra arrepentimiento,
que cuando lo pillan", afirma Agostini.
Por su parte,
Mónica Silva y Ricardo Cariaga explican que la edad también
es determinante en el perdón. Los que han sido engañados
durante los diez primeros años de matrimonio tienen menos
disposición a perdonarse, se obsesionan más. Después,
en cambio, lo entienden un poco y es más fácil que
reconozcan que algo de culpa tienen en el hecho.
La reconstrucción
Según
una investigación hecha por el sicólogo Giorgio
Agostini en una muestra de 232 parejas, el 67% de las infidelidades
se supera con un perdón profundo. En el 11% se da el "perdono,
pero no olvido" y en el 22 % no hay perdón. Se vio
también que las parejas que superaron el episodio lo lograron
descubriendo qué fue lo que produjo la infidelidad.
"El perdón
significa comunicarse muy a fondo, de manera que ambos reconozcan
por qué les sucedió. Lo importante no es el hecho
de la infidelidad, sino el motivo, pues en la mayoría de
los casos es consecuencia de que algo andaba mal en el matrimonio",
opina Gloria Maureira.
Con todo,
la infidelidad es una huella que, como un accidente grave, queda
de por vida. Lo fundamental es la capacidad de vivir con esa experiencia;
que pasado el tiempo se pueda decir fue algo doloroso, pero pasó.
En eso consiste el perdón.
De la misma
opinión son Ricardo Cariaga y Mónica Silva: "El
engañado, al final, termina diciéndole a su cónyuge:
no me voy a vengar por lo que me hiciste, porque te perdoné;
eso no significa que cada vez que me acuerde no me duela, pero
nunca más voy a permitir que lo que pasó entrampe
nuestra relación. Ése es el compromiso que tiene
que asumir la pareja del infiel".
Por último,
los sicólogos coinciden en que tras un error así,
perdonado, muchas veces aparece algo curioso: habitualmente esas
parejas se ven fortalecidas, porque quizá el matrimonio
se vio sujeto por primera vez a la necesidad de profundizar su
relación.
Es lo que
comprobó Janis A. Spring, sicóloga de la Universidad
de Yale, autora del libro "Después de la aventura,
calmando el dolor y recuperando la confianza": "El trauma
es demoledor para el engañado y al principio prima la idea
de que una vez que la confianza desaparece, la relación
es imposible. Sin embargo, después de 20 años de
tratar a personas con problemas de infidelidad, he podido comprobar
que si ambos ponen de su parte, es posible sobrevivir al trauma
e incluso reinventar la relación, construyendo un vínculo
más sólido".
Natalia (39)
16 años de matrimonio
"Conocí
a alguien que me hizo experimentar cosas que no sentía
hace mucho tiempo. Así, directamente, y de un día
para otro, mi marido me confesó que me era infiel y, de
paso, me anunció que se iba de la casa.
Al principio
entré en estado de shock, no lo podía creer, estaba
absolutamente desconcertada. No me puse histérica ni agresiva.
Sólo atiné a pescar mi auto, irme a dar unas vueltas
y... llorar.
Nunca sospeché
de él. Soy de las pocas mujeres, tontas quizás,
que le tenía confianza absoluta a mi marido. La base de
nuestro matrimonio era la confianza, nunca me imaginé que
la iba a traicionar. Además, él es un hombre de
vida familiar y súper católico.
Después
del impacto inicial, lo llamé y le dije que teníamos
que ayudarnos a salir de esto. Él me pidió un tiempo
para pensar, para saber si me echaba de menos. Sin embargo, unas
semanas después me dijo que en realidad ya no teníamos
vuelta...
Entonces vi
que realmente estaba involucrado con la otra, si no, no podría
haber pensado así. Me dejó claro que yo no tenía
oportunidad. Eso sí que fue heavy. Lo que me pasó
lo comparo con lo de las Torres Gemelas: de un minuto para otro,
todo se me derrumbó.
¿Quién
es ella? Lo típico, la secretaria. Una persona que me conoce,
que abusó de nuestra confianza. Físicamente no tiene
nada especial. Claramente no me cambió por una modelo.
Sí es muy melosa. Seguramente él le contó
sus problemas conmigo, se sintió vulnerable y cayó.
De esto han
pasado cinco meses y en todo este tiempo me he cuestionado qué
fue lo que pasó. Como nos casamos muy jóvenes, a
los 23 años, y altiro tuvimos guaguas, creo que él
se perdió todo un mundo que ahora descubrió y le
encantó.
Yo soy una
profesional positiva, fuerte y bien autosuficiente. Pero los más
afectados son los niños. Al de 15 años se le derrumbó
su imagen paterna; la niñita, de 13, está a mi lado
y no dice nada; el de 10 tiene claros problemas con su padre,
y el más chico, de 4, siente la gran ausencia del papá.
Llora todas las noches, está tan inseguro, que cree que
yo también me voy a ir. No sabe lo que realmente pasó,
los otros sí. Al principio disimulé la pena, lloraba
sola encerrada en el baño, pero igual ellos se dieron cuenta
de mi sufrimiento. Saben que estoy triste, pero que voy a salir
adelante.
Lo que más
rabia me da es el egoísmo que existe de su parte, porque
no se cuestiona lo que pasa con sus hijos. Tanto así, que
no tuvo la cordura de dejar pasar un tiempo, y altiro comenzó
a presionarlos para que la conozcan a ella.
Siempre pensé
que jamás le perdonaría una infidelidad, porque
es un quiebre de nuestros principios. Hoy pienso distinto. Me
sentiría bien perdonándolo, porque soy incapaz de
albergar odio. Pero si él no se arrepiente no lo puedo
perdonar. Él se tiene que perdonar a sí mismo primero.
Claro que
es difícil olvidar, porque existe mucho dolor. Cuando te
destruyen el corazón, el sufrimiento es peor que un maltrato
físico. Por suerte he tenido el apoyo de mi familia, de
un cura, de un sicólogo y de mis amigos. Ahora lo único
que me queda pensar es que hay que seguir adelante y que todas
las experiencias sirven para crecer".
Raúl
(43) 20 años de matrimonio
"¡Imagínate
lo que significa para un hombre enterarse de que su mujer lo engaña!
Es un golpe tremendo, un dolor difícilmente posible de
describir. Aunque podría habérmelo imaginado, aunque
podría haber sido esperable, el hecho de que te lo confirmen
produce un impacto único.
Es cierto
que me merecía que mi señora me fuera infiel, porque
yo también tenía aventuras. Pero uno, estúpido
machista, piensa que sólo el hombre puede hacerlo. Cree
que tener andanzas lo hace a uno más hombre, que si se
le pasa una mujer por el frente hay que aprovechar la oportunidad.
¡Si no, eres un tonto!
Realmente
pensaba que, independiente de mi comportamiento, la fidelidad
de mi mujer era un don ganado. Pero al sentirme golpeado, por
primera vez en mi vida pude ponerme en el lugar de ella y sentir
el mismo dolor que sintió ella cuando me pilló en
mis aventuras. También sufrió una gran desilusión,
sobre todo al enterarse de eso cuando tenía una guagua
de sólo tres meses.
No creo que
me haya engañado por venganza, sino por abandono. Los hombres
a veces no escuchamos a nuestras esposas, no nos preocupamos lo
suficiente.
Ella misma
me lo confesó. La vi realmente afligida y arrepentida de
corazón. Entonces, ¿cómo iba a reaccionar
con furia? Me di cuenta de que tenía dos opciones: o la
mandaba a la punta del cerro o la recuperaba. Recuerdo que esa
noche estuvimos conversando durante unas cinco horas. Lo lloramos
todo y fue súper bonito, porque hace años que estábamos
alejados y nos pudimos reencontrar. Entonces entendí que
había cometido un gran error al haber caído en lo
que el medio te empuja. El verdadero hombre es el que se guarda
y ama a una sola mujer.
Puede que
suene cursi, pero sólo conociendo ambos el dolor, pudimos
entendernos y perdonarnos. Quizá nos ayudó el hecho
de que los dos tuvimos la misma herida. Absolutamente creo en
el perdón. No es que hayamos olvidado lo que ocurrió,
pero al acordarnos ya no sufrimos. Sí sirve tenerlo presente
para no caer en lo mismo nunca más.
Creo que la
clave para reencontrarnos fue la gracia de Dios. Hoy, honestamente,
podemos decir que tenemos todo olvidado y saneado. Es más,
trabajamos con parejas, dirigimos encuentros matrimoniales y queremos
dar nuestro testimonio para que muchas intenten salvar sus matrimonios,
perdonarse y amarse".
¿Usted,
perdonaría?
· "Depende.
Si es una vez, medio bebido y en una crisis, sí... lo perdonaría.
Pero si estamos regio y lo hace porque anda buscando, chao",
Claudia (32).
· "Sí,
siempre y cuando ocurra una vez. Ahora, si ocurre más veces
significa que te están faltando el respeto", Mariano
(25).
· "No,
la confianza muere y es imposible recuperarla", Andrea (30).
· "Perdonaría
si me considero responsable del asunto; es decir, si me convertí
en una bruja o me negué a tener relaciones sexuales durante
un tiempo considerable", Soledad (37).
· "No,
porque a mí no se me ocurriría ser infiel",
Teresa (50).
· "No
es algo que tenga resuelto. Pero creo que la infidelidad es un
síntoma de que la pareja está viviendo problemas",
Paula (30).
· "Sí,
la perdonaría, porque así puedo ser infiel y no
me pueden decir nada", Pablo (24).
· "No,
porque habría que perdonar una segunda", Alfonso (43).
· "Sí,
pero no seguiría con esa persona", Álvaro (25).
· "Si
hay hijos, creo que aunque me costara y fuera con sufrimiento,
lo perdonaría", Constanza (23).
· "Me
sería súper difícil volver a creer en ella.
Y aunque su arrepentimiento fuera sincero, perdería atractivo
para mí", Gonzalo (29).
· "Sólo
si yo he sido infiel", Jaime (41).
· "Si
él me lo cuenta y está arrepentido, sí. Pero
si yo lo pillo, lo mato", Lorena (37).
· "Si
lo ha hecho en mi cama, no", Mónica (30).
Razones de
la infidelidad
Una encuesta
de la clínica Androsex arrojó que el 71,6 % de los
hombres han sido alguna vez infiel versus el 51,8% de las mujeres.
Los motivos son varios:
· Entre
los 7 y 12 años de matrimonio es normal que, por la rutina,
surja la fantasía de mirar para el lado, aunque la pareja
no tenga problemas conyugales.
· Es
probable que la mujer que se sienta dejada de lado busque la infidelidad
como último recurso para llamar la atención de su
marido.
· La
persona que sufre las críticas constantes del otro es candidata
a la infidelidad, ya que va a necesitar refugiarse en alguien
que le refuerce su autoestima.
· A
veces la razón es la venganza. Por ejemplo, algunos hombres
cuyas esposas son demasiado frías o dominantes se desquitan
de esa manera con ellas.
· La
principal razón de infidelidad femenina es el abandono
afectivo y emocional del marido. Generalmente no buscan la infidelidad,
sólo están predispuestas, y si se les presenta la
oportunidad pueden caer en ella sin quererlo.
· Algunos
hombres caen porque se dejan llevar por un impulso incontrolable.
Es una infidelidad casual, no premeditada.
· Otra
causa son las curiosidades sexuales no resueltas. Como la mujer
que se casa con su único pololo, y puede preguntarse cómo
es salir con otro hombre.
· A
los 40 años, el hombre generalmente no se siente atractivo.
Se siente querido por su mujer, pero no deseado. Y si aparece
alguien que lo halague, puede caer.
· Muchos
echan de menos la primera fase del matrimonio, cuando sentían
"mariposas en el estómago", al ver a su mujer.
Y lo buscan en otra parte.
· La
rutina matrimonial y la falta de comunicación pueden hacer
que uno de los dos busque entretención, complicidad y amistad
en personas distintas.
· Cuando
no se cumplen las expectativas respecto del otro viene la desilusión,
y con ella, la búsqueda fuera del matrimonio de alguien
que sí las colme.
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