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El buen humor en la
pareja puede servir como una forma de catarsis, en que ambos liberan
ciertos conflictos que no se atreven a enfrentar en un plano más
serio.
Reírse juntos mejora la relación al interior de
la pareja, actúa como antídoto contra la rutina
y genera una sensación de relajo y bienestar.
No es raro que con
el pasar de los años, muchas parejas vayan perdiendo la
capacidad de gozar los momentos de buen humor que tan frecuentemente
se producían durante el pololeo.
El filósofo
británico Bertrand Russell afirmó alguna vez que
el buen humor era la cualidad moral que más necesitaba
el mundo, y no se equivocaba. ¿Pero cómo va a existir
el buen humor en el mundo, si muchas veces cuesta mantenerlo con
los seres que más queremos? Es difícil aceptarlo,
pero muchas veces el trabajo, los hijos y la rutina cotidiana
van disminuyendo los espacios de intimidad donde el matrimonio
pueda crear instancias para reírse juntos.
Según Fernando
Coddou, sicólogo y experto en temas de pareja, la pérdida
del humor es una señal de alerta de que la relación
se ha transformado en algo aburrido. "Hay parejas que no
tienen problemas sexuales, económicos ni de salud, pero
de todos modos llevan una vida rutinaria y predecible", indica.
Cuestión de
ingenio
A juicio de Coddou,
esta "rutinización" depende de la misma pareja.
"Existe una serie de cosas que hacemos todos los días
y sin embargo gozamos, como el acostarnos al llegar del trabajo
o comer. Sólo depende de nosotros gozar la cotidianidad
y no hacerla sinónimo de fomedad".
El profesional opina
que es la propia sociedad la que impide el pasarlo bien en pareja.
"Vivimos en una cultura que tiende a ridiculizar el gozo,
lo que sólo contribuye a crear una presión para
que el matrimonio asuma un rol más serio. El hecho de ser
padres y dueños de casa hace que olviden que la razón
por la que alguna vez decidieron juntarse fue para pasarlo bien".
Isabel van Nievelt,
casada hace 13 años, cuenta que en su caso el humor ha
sido fundamental para hacer la convivencia agradable. "Muchas
veces hemos estado los dos agotados, pero de todas formas nos
reímos si la situación lo amerita". Según
Isabel, la risa y el sentido del humor han sido en varias oportunidades
el punto final de discusiones. "Cuando no se trata de algo
muy serio, una cara divertida puede terminar una pelea con los
dos riéndonos a carcajadas".
El caso de Benjamín
Sepúlveda, quien lleva cerca de 50 años de matrimonio,
no es distinto. "Recuerdo que me despedí de mi mujer
en medio de una pelea que quedó pendiente. Al regresar,
asomé por
el dormitorio un banderín con una lectura bien romántica,
oí la risa de mi señora y hasta ahí quedó
todo", confiesa.
Matrimonio versus pololeo
León Cohen,
siquiatra, sostiene que el humor puede servir a la pareja como
una vía de catarsis, mediante la cual ambos liberan conflictos
que no se atreven a tratar en un plano más serio. También
es muy beneficioso para aquellos que tienden a sobredimensionar
o trascendentalizar situaciones. "En esos casos una actitud,
una frase, una imagen ingeniosa puede calzar con sentimientos
reprimidos que no está reconociendo la pareja y ayuda a
ésta a aliviarlo a través del humor en vez de esconderse".
Según Cohen,
si uno de los miembros de la pareja tiene un sentido del humor
desarrollado, puede ayudar al otro a fomentar su lado más
"liviano". "Ciertamente que el humor amoroso e
imaginativo puede reanimar a los espíritus depresivos y
aquí hay parejas en que uno de los miembros 'vitaliza'
al otro con su estilo de humor".
Ambos especialistas
coinciden en que la complicidad y la capacidad de reírse
de uno mismo son claves para desarrollar o mantener el humor al
interior de la pareja. "La capacidad del otro de comprender
y resonar con el humor de la pareja es vital", sentencia
Cohen.
Para Fernando Coddou,
otro de los elementos esenciales es "mantener el espacio
relajado y burbujeante del pololeo". Al respecto, agrega
que le han llegado parejas con hijos donde ambos trabajan y que
dicen tener problemas, "pero les pregunto cómo se
llevan cuando están de vacaciones y me responden que fantástico".
Según el profesional,
eso se debe a la creencia de que es ridículo pasarlo bien
o reírse, "cosa que no sucede en los viajes, cuando
las parejas se atreven y se dan permiso para gozar y divertirse".
Ante la pérdida
del humor que alguna vez existió en el matrimonio, la pareja
debe revisar qué pasó y en qué momento perdieron
la complicidad.
Otro elemento de gran
utilidad es obligarse a pasar un momento de intimidad cada cierto
tiempo. "No se trata de estar solos para hablar de los hijos
o la casa, sino para hablar de cosas livianas, como comentar lo
que se ha hecho en el día, el programa de la tele o, incluso,
pelar".
Para Helia Saldías,
casada hace 38 años, el humor ayuda a hacer la convivencia
diaria más relajada. La sana convivencia entre ella y su
marido, explica, está dada en gran parte por el buen sentido
del humor que tienen ambos. "Ninguno de los dos es grave,
así que disfrutamos de hablar temas livianos tanto en pareja
como en familia. No se trata de andar contando chistes todo el
tiempo, sino que es más una forma de vida", relata.
Y parece que este hábito les ha servido de bálsamo
para la convivencia: "En todos estos años no hemos
peleado nunca", asegura.
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