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Creer que existe un
modelo perfecto para relacionarse con el cónyuge puede
llevar a las personas a una constante Creer que existe un modelo
perfecto para relacionarse con el cónyuge puede llevar
a las personas a una constante
Los chilenos somos
muy buenos para mirar para el lado. Nos fijamos en todo lo que
tiene el vecino o el amigo, desde su casa hasta su relación
de pareja. Nos vivimos comparando y eso a veces nos juega en contra,
dice Valeria Foncea, casada hace seis años.
Más de una vez envidié a matrimonios amigos porque
los veía tan cariñosos y sin pelear nunca. Pero
después me fui enterando de cosas terribles que ellos nunca
mostraban en público. Otras veces, la pareja que parecía
más ideal se separaba de un día para otro. Y aprendí
que muchas veces uno 'se tira al suelo' por cosas que no son reales.
María Elena
T., casada hace 20 años, relata un caso más extremo:
En nuestro grupo de amigos había un matrimonio que era
la envidia del resto. Ella siempre estaba contando que el marido
le hacía regalos bonitos y le llevaba flores casi todos
los días. Él siempre estaba hablando maravillas
de ella. Parecían vivir una constante luna de miel. Mucho
después, nos enteramos de que él tenía una
amante fija y varias otras volantes. Nos quedamos de una pieza.
El compararse con las
demás personas es una práctica tan remota como la
historia de Caín y Abel. Es natural que el proceso de mirarse
en los otros sea una parte importante en la construcción
de la identidad personal y de pareja, dice Fernando Rosselot,
psiquiatra, terapeuta de parejas del Instituto Chileno de Terapia
Familiar. Pero hay que tener cuidado porque a partir de la observación
de pequeños fragmentos de las conductas de otros se puede
imaginar todo un mundo.
Un mundo que la mayoría
de las veces no corresponde a la realidad. Hay diferencias importantes
entre los funcionamientos íntimo y público de las
personas. Y lo que solemos hacer es armar toda una historia sobre
los demás a partir de los fragmentos que vemos. Funcionamos
mucho a partir de relatos que nos contamos sobre los otros, verdaderas
construcciones casi literarias basadas en pequeños hechos.
¿Para qué? Para compararnos y salir ganando o perdiendo
en estas comparaciones, agrega el terapeuta.
Eterno inconformismo
El psiquiatra cuenta
que lo que más se ve en las parejas que llegan a terapia
no es la comparación con otras parejas reales, sino con
modelos ideales impuestos por la cultura a través de la
publicidad y los medios de comunicación masiva.
A través de
la televisión, las revistas del corazón y otros
medios, las personas se ven saturadas de imágenes de modelos
de vida. Los personajes públicos aparecen en los medios
mostrando relatos que suelen ser idealizados. Las personas se
comparan con esto y muchas veces sienten que salen perdiendo.
Por ejemplo, su vida sexual les parece desteñida al lado
de la que puede mostrar Kim Bassinger en 'Nueve semanas y 1/2'
.
El profesional advierte
que compararse con supuestos modelos ideales traerá una
constante frustración porque están lejos de reflejar
la realidad en todos sus matices.
Creer que al compañero
de colegio le ha ido bien en la vida porque tiene un jeep último
modelo y va a cada rato a La Parva puede ser un espejismo, ya
que no se accede a otros aspectos de cómo vive en el espacio
privado e íntimo. Es como creer en la felicidad eterna
de esas parejas de la publicidad, que se levantan de un salto,
se comen un yogurt light y se van a enfrentar una vida que no
tiene ningún peso, agrega.
Que existe un modelo
ideal de vivir en pareja es parte del mito. Cada pareja tendrá
su estilo y la forma de ser que le acomode, afirman los especialistas.
Esto lo tiene claro Catalina C., casada hace dos años,
cuyo matrimonio es visto como pareja ideal por las familias de
origen de ambos.
Nos ven así
porque nos proponemos estar alegres cuando vamos a ver a nuestros
padres. Llegamos inventando panoramas y cosas entretenidas para
hacer juntos. Eso nos hace felices a nosotros y a los viejos también.
Pero ellos tienden a compararnos con las parejas que forman nuestros
cuñados. Nos ponen de ejemplo y les piden que sean así.
Eso no es justo. Ellos son felices en un estilo más tranquilo.
Lo mismo opina Paulina
F., con 9 años de casada: Es dañino creer que existe
la pareja ideal. Yo conozco matrimonios felices que viven una
separación de roles muy rígida: él es el
proveedor y ella está en la casa. Mi marido y yo no estaríamos
contentos con eso. También hay parejas a las que les encanta
vivir todo de a dos. Nosotros, en cambio, nos preocupamos de darnos
nuestros espacios separados. No hay un estilo ideal, sino muchos:
los que le acomodan a cada pareja".
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