Los disfraces del matrimonio


Hay parejas que no pueden estar solas. Hijos, amigos, televisión y trabajo se utilizan frecuentemente para evitar los momentos de intimidad. Cuando esa realidad, muchas veces inconsciente, se apodera de la relación, normalmente enmascara problemas más profundos.


Pedro y Javiera llevan diez años casados. Los dos trabajan fuera de la casa y se ven en las noches. Cuando están juntos, pasan la mayor parte del tiempo con sus tres hijos y en el minuto de la intimidad prefieren ver televisión a tener relaciones sexuales. Son bastante amistosos y el fin de semana se han hecho esclavos de una apretada agenda social, entre invitaciones a comer e idas al cine.

Ellos creen tener una relación bastante feliz, a pesar de que casi nunca están solos. Y es que cuando la rutina mata, cuando el aburrimiento se apodera de las relaciones de pareja, cuando surge el desamor, aparecen los disfraces del matrimonio, que según palabras del sicólogo Roberto Opazo "son mecanismos de defensa para no enfrentar directamente las dificultades que se tienen como pareja".

Muchas horas dedicadas a los hijos, a los amigos, a las noticias y al trabajo, versus poco tiempo para la pareja, son cuatro variables que en opinión de este profesional enmascaran los problemas de muchos matrimonios actuales. Un fenómeno que Opazo califica como creciente, y lo atribuye a que hoy las personas no alimentan su mundo interno, por lo tanto, tienen poco que comunicar y buscan experiencias que los entretengan desde afuera.

"La sociedad cada vez nos prepara menos para el desarrollo del mundo interno, para la comunicación y para una empresa de toda la vida. Pronto se empieza a notar que no estamos preparados. Como que la gente se dice todo lo que se tenía que decir muy pronto. Se produce como un efecto de limón estrujado, mientras el hombre contemporáneo anda hambriento de estímulos. Lo que la persona necesita es algo que la saque del adormilamiento de un mundo interno poco colorido. Dos mundos internos descoloridos dan una relación descolorida. Desde ese punto de vista, la rutina hoy es menos soportable que hace cien años".

Con los hijos en la pieza

Para romper esa monotonía y vitalizar la relación, se utiliza un primer estímulo o disfraz, atravesando a los niños en el matrimonio.

"Por ejemplo, cuando la vida sexual no está muy buena, se lleva a los hijos a acostarse al propio dormitorio usándolos como pretexto. Se trata de parejas que tienen la puerta de la pieza permanentemente abierta, entonces los hijos fluyen a cualquier hora del día o de la noche. Da lo mismo si son la una de la mañana o las tres de la tarde. No hay un rayado de cancha bien planteado y así se evita la intimidad", señala Opazo.

Agrega que girar en torno a los hijos se traduce en que algunos padres quieran hacer todos los panoramas con ellos y hasta prefieran salir en patota a celebrar el aniversario de matrimonio.

- ¿Hasta cuándo es normal que una pareja ponga siempre a los hijos como prioridad?

"Si prioridad es que los hijos sean muy queridos, muy valorados, eso no debe ser transable, pero la felicidad se construye desde la pareja hacia los hijos y no desde los hijos a la pareja. Los niños se van nutriendo de papás que funcionan. Les va a encantar que estén coordinados, les va a encantar que se quieran. Hay mucha felicidad que se irradia a los hijos cuando ven a los padres felices. En cambio, es muy difícil que mejore el trato directo de los esposos si se relacionan sólo en función de los niños".

Explica que la relación padre-hijo suele fluir más fácil que la de pareja y por eso se usa para evitar los momentos juntos.

"Con los hijos hay una cosa de sangre involucrada, donde existen elementos de fondo que son estables, un amor casi instintivo; en cambio, vitalizar la pareja es mucho más difícil".

Ni tan amigos

Otra variable que enmascara son los amigos.

"Cuando las personas se aburren juntas, se entretienen a través de terceras personas. De repente es uno de los dos quien está muy motivado por la vida social y arrastra a la otra persona. Eso es nefasto, porque hay uno que se va quedando frustrado. Cuando yo no puedo salir solo con mi pareja porque me aburro, evidentemente los amigos, más que amigos pasan a ser una especie de solución o de ayuda".

En general, dice Opazo, es bueno que los sistemas sean en parte cerrados y en parte abiertos. "Ni plenamente abiertos todo el tiempo, ni absolutamente cerrados; es una ecuación de equilibrio. De repente es rico salir a comer con los niños, de repente es rico salir con amigos y de repente es rico salir solos. Lo importante es que exista ocasión para las tres cosas y no que una esté vedada, porque si salimos solos simplemente es una lata".

Según datos obtenidos en el Instituto Chileno de Psicoterapia Integrativa (ICPSI), lugar donde trabaja Opazo, para los hombres es muy importante que su pareja sea entretenida.

"Cuando ella no lo es, él lo resiente mucho. Ella pareciera tener más capacidad de adaptarse. En cambio, lo que sí pasa, es que habitualmente la mujer está más disconforme con su relación de pareja que el hombre, porque es más sensible y tiene más necesidades de cercanía, de compañía, de compartir. Él habitualmente es más ambicioso, más ligado al trabajo. Las mujeres se deprimen más por factores de pareja y los hombres se deprimen más por factores laborales. Son ambiciones y prioridades distintas.

El hombre se encuentra más centrado en los logros del trabajo y la mujer en la búsqueda de la felicidad familiar".

Mucha tele

Una tercera forma de enmascarar es a través de la televisión o las películas.

"A falta de mundo interno, tenemos que subirle el volumen al mundo externo. Por eso la pantalla nos tiene que ofrecer sexo, agresión, alguna noticia trágica que nos conmueva. Las noticias están confeccionadas para impactar, entonces las ponen a la hora de comida y con eso camuflan lo que pasaría si no las hubiera. Por último, se pueden comentar en algún grado y le doy cierta sal y pimienta a la situación".

- ¿Se le teme al silencio?

"Sí, por supuesto. Lo que pasa es que esto no tiene una sola causa. De repente, las personas se dan cuenta de que solas son muy apagadas y entonces es una manera de disimular, muchas veces no consciente. De pronto la gente se distancia afectivamente. Uno de los dos piensa que el otro es un interlocutor no válido, cree que cuando le cuenta cosas no le importan y se va desilusionando del relato. También desmotiva el desamor, considerar a la otra persona poco inteligente o que la contraparte sea muy introvertida".

La oficina: su casa

Prolongar el trabajo en forma artificial se considera otro disfraz del matrimonio.

"Un trabajólico puede tener distintas motivaciones. Puede trabajar harto por ambición, por perfeccionismo, pero uno de los elementos puede ser que la persona no quiera volver a una casa donde el tiempo que se va a compartir es pobretón".

"El trabajo puede ser una fuente de unión, en la medida que se comparten cosas, pero a veces es un hecho aislado, en que la persona trabaja en algo semimisterioso, llega cansada a la casa y no cuenta nada". En ese contexto, pasa a ser una fuente de distanciamiento con la pareja".

Según Opazo, no es común que un matrimonio utilice los cuatro disfraces juntos y explica que, por lo general, predomina uno sobre los otros. En el caso de Pedro y Javiera, se dan todos, pero con mayor frecuencia usan a sus hijos como escudo.

El reclama y dice que "ella es muy llorona, siempre se está quejando"; ella, por su parte, señala: " él simplemente no me pesca".

- ¿Es básico que las parejas se den espacios solos?

"Diría que cada pareja tiene su ritmo y su manera. Aquí no hay recetas universales, pero evidentemente suena raro que una pareja nunca quiera estar sola, eso ya es una pésima señal. Ahora, que salga fuera de Santiago o que vaya a ver una película o vaya a comer, depende de cada una. Cada una le va tomando el pulso a qué es lo que hace y qué es lo que no hace, de pronto tienen gustos tan parecidos, de repente tan distintos, pero ir afinando eso es fundamental".

Sacarse el disfraz requiere de varios pasos. El primero, a juicio de Opazo, es darse cuenta de la situación. "Hacer una buena evaluación de lo que pasa. Ver cuánto estamos saliendo solos, cuánto nos comunicamos. Un segundo paso es la búsqueda de acuerdos que vayan generando un nosotros. Acuerdo en el uso del tiempo, en qué podemos cultivar juntos. Son desafíos que van más allá de apretar un botón, significan procesos".

- O sea, ¿volver a tener un proyecto de vida juntos?

"Claro, y en el entendido que eso fluye en forma natural y fácil, no más; pero también que muchas parejas, para poder estar bien, necesitan de un esfuerzo mutuo. Algunos se dejan fluir y están bien, pero otros requieren de un alto costo energético y si esa energía no se invierte, no se está bien no más".

Realizar actividades en conjunto es uno de los elementos que pueden contribuir a romper la rutina.

"Son necesarios los acuerdos intermedios, porque a veces a ella le gusta el ballet y a él el fútbol. De repente es bueno que ella lo acompañe al fútbol y él al ballet, pero no con cara de tres metros, sino con un compromiso de tratar de disfrutar juntos".

- ¿Ayuda el que cada uno por separado se preocupe de alimentar su mundo interno?

"Por supuesto. Si cada uno llega a la situación con un mundo interno más colorido y con más contenido, por supuesto que tenemos más que decirnos y somos personas más interesantes para el otro".

Roberto Opazo señala en su libro "Psicoterapia Integrativa" (2001) que el verdadero amor activa lo mejor de cada miembro de la pareja.

"Cuando una persona despliega una adecuada conducta pulsante, genera en la otra, conductas positivas, las que a su vez vuelven, vía causalidad circular, hacia la persona original. Se van gestando así círculos virtuosos, en los que cada cual activa positivamente al otro".

Rompiendo la rutina

En síntesis, la clave está en aprender a disfrutar juntos.

Existen premisas básicas para aprender a hacerlo y algunas de ellas están escritas en el libro de Roberto Opazo:

· Un primer principio sugiere que disfrutar mejora el estado de ánimo y aumenta la resistencia al surgimiento de afectos negativos. Una especie de piensa positivo.

· El disfrutar es un proceso activo, donde el ambiente, los conocimientos, los afectos y la conducta influyen en el proceso de enriquecimiento del disfrutar.

· Expectativas extremadamente altas o extremadamente bajas, empobrecen el disfrutar.

· Exigencias desmedidas y rígidas, empobrecen el disfrutar.

"Tener una sabiduría en el disfrutar pasa a ser fundamental para manejar bien la situación. No es cuestión de si lo pasé bien o lo pasé mal, sino de cuánto he puesto yo para ir a donde puedo pasarlo mejor, de cuánto saboreé la situación. Eso tiene que ver con qué expectativas, con qué exigencias, con cuánto paladeo, con cuánto me doy cuenta, con qué atención le presto, con cuánto lo recuerdo. En el fondo, saborear la experiencia tiene que ver con sacarle más partido al disfrutar, ser creativo en el disfrutar. Una cosa es ir a las situaciones que son disfrutables y la otra cosa es ser capaz de crear situaciones disfrutables. Entonces, en cada uno de estos elementos hay la posibilidad de que uno active un ambiente, de modo que sea más grato; que uno vaya a estímulos que sean más placenteros, que uno les de significados que sean más favorables".