Ni pan ni cebolla


Debido a que uno o ambos están cesantes o porque en los últimos cuatro años sus ingresos no se han reajustado, pero sí los gastos, muchas parejas atraviesan por un difícil momento. Distanciamiento, peleas, estrés, problemas en la intimidad y una gran soledad son los otros efectos de la falta de dinero...

"Nunca pensé que podríamos estar tan mal...", se lamenta Angela, unos cuatro kilos más delgada, mientras busca un cigarrillo. Luego, levanta la vista y continúa: "Y no es sólo por la plata ¿sabes?, es porque desde que Víctor no puede encontrar trabajo, se aisló y ya casi no nos hablamos..., pasamos discutiendo; estamos muy deprimidos, al punto que está afectando nuestra intimidad..."

Secretaria de una compañía aérea, casada desde hace 18 años con un ingeniero comercial, con quien tiene dos hijos, la sinceridad de esta mujer sobrecoge. Desde hace un año y cuatro meses que su marido no encuentra trabajo, lo que ha afectado seriamente el presupuesto familiar: durante los primeros seis meses debieron cambiarse de casa; al cumplir el año trasladaron a sus hijos a un colegio municipalizado, este año se deshicieron del único automóvil que tenían para así saldar un antiguo crédito.

Son los otros efectos de la crisis económica, aquella donde la disminución de los ingresos no sólo influye el presupuesto familiar; también atenta contra la relación de pareja.

Ya sea porque el otro o ambos están desempleados; porque viven de un sueldo variable seriamente castigado por la crisis, o porque en los últimos cuatro años sus ingresos no se han reajustado, lo cierto es que el actual pie económico se ha transformado en una dura prueba para cientos de matrimonios.

"Nuestros ingresos se redujeron a la mitad, y justo entró otro niño al colegio. Ha sido un año bien frágil y eso nos ha afectado como matrimonio", reconoce una mujer del segmento medio-bajo, en un focus group realizado también por Collect Investigaciones de Mercado. Se trata del sector más castigado por la coyuntura económica y donde la mayoría reconoce tener conflictos matrimoniales por esta causa.

"El año pasado fue caótico: nos tuvimos que cambiar de casa y decirle chao a la nana", lamentó una dueña de casa. "A mi marido le cuesta aterrizar y quiere gastar la plata en cualquier cosa, y yo trato de controlarlo. Es que nuestros ingresos han bajado, pero él quiere mantener el mismo estándar de vida...".

Realidades que tienen como común denominador la actualidad económica, y donde sólo aquellas parejas en que prima el amor, la comprensión y el respeto, resultan airosas.

Como sostiene Enrique Cueto, psicólogo y presidente del Centro de Consultas y Orientación Personal y Familiar del Instituto Carlos Casanueva (ICC), no hay dudas de que el dinero es gravitante en el matrimonio. Pero su mayor o menor peso depende de si se trata de una relación confiada, abierta y amorosa, para quienes la falta de dinero afecta, pero no daña, o bien un matrimonio competitivo o desconfiado, donde lo más probable es que una baja económica deje profundas grietas e, incluso, produzca una ruptura.

"Estamos re' mal..."

Carmen Gloria, vendedora de seguros y madre de tres niños de 9, 10 y 11 años, ha vivido en carne propia los rigores de la fuerte disminución de las arcas familiares. Casada con Hernán, diseñador, cuenta que hace un par de años su marido cerró su agencia a causa de la crisis. Desde entonces, éste se dedica a la pintura, con una acogida en el exterior, mientras que en Chile las cosas no han sido fáciles.

Actualmente las entradas de la pareja se componen del sueldo de ella, que es variable, ya que está condicionado por metas; más lo recaudado por las ventas de las obras de Hernán, que, si bien no ocurren todos los meses, dejan el dinero suficiente para adelantar el pago de algunos arriendos y salir de otros apuros. Sin embargo, les es muy difícil programarse y lograr pagar todos los gastos del mes de forma ordenada, ya que siempre van arrastrando otros compromisos.

"Hemos estado re' mal. Estoy estresada, tengo rabia de tanto trabajar y no poder disfrutar; pero estoy positiva y creo que las cosas por algo pasan... Es que nadie está feliz sin plata y, aunque algunos lo nieguen, éste arregla gran parte del matrimonio. Sin embargo, con Hernán somos unidos y hemos logrado salir adelante", asegura Carmen Gloria.

Pero no todas las parejas pueden decir lo mismo. Según Enrique Cueto, durante los últimos años han aumentado las consultas de matrimonios cuyos problemas se relacionan estrechamente con el bolsillo: "saben que algo funciona mal dentro de la relación y, a medida que se los entrevista, reconocen que la falta de dinero ha sido una causal", asegura.

Pero no sólo se trata de dinero: hoy las presiones por lograr el éxito económico son tales que, en muchos casos, un simple déficit financiero se transforma en sinónimo de fracaso. Así, el descontento personal luego se traspasa al otro, con los consiguientes resultados.

Aquellos matrimonios donde el otro asume una carga laboral excesiva para así capear el temporal también son fuente de crisis, ya que éste sale muy temprano y regresa muy tarde, cansado y de mal humor, con muy pocas ganas de conversar o de jugar con sus hijos.

"No es que haya más conflictos por plata pero..., como él anda mal humorado, las peleas son por cualquier cosa", explicó una dueña de casa durante el focus group de Collect. Su compañera, aún más sincera, dijo: "Lo que pasa es que mi marido vive más preocupado del dinero, y falta más la parte de pareja, que, en nuestro caso, pasó a segundo plano...".

Aquellas del sector alto, si bien admitieron un impacto en la relación, fueron más moderadas: "La psicosis de perder la pega vuelve la relación más tensa e influye en que una pelee", aseguró una. Más positivas, sus compañeras postularon: "Cuando la crisis ya está declarada, las parejas se unen"; "aunque hay un poco más de tensión, ya no me importa que mi marido llegue tarde porque tiene mucho trabajo"; "la crisis me ha servido para valorar más a la familia", fueron algunas de sus conclusiones.

No obstante, la percepción general es que la crisis no ha afectado la relación de pareja (76%); otros dicen que sólo un poco (14%); un pequeño grupo asegura que significativamente (9%) y otros totalmente (1%).

La intimidad se derrumba

Acostumbrado a un rol económico activo, es el hombre quien más resiente la falta de ingresos. "El dinero les da autoridad dentro de su grupo y, en algunos casos, hasta se sienten con más derecho a ser correspondidos sentimental y sexualmente por su pareja", comenta Cueto.

De esta forma, cuando la falta de dinero afecta al presupuesto, el hombre se siente culpable, avergonzado y frustrado. En cambio, la mujer sufre por sus hijos, pero no ve la situación como un fracaso. En DBM Chile, firma internacional de outplacement, cuentan que hasta sus oficinas han llegado hombres "que se identifican con su trabajo, al punto de que su pérdida incluso puede afectar su sexualidad", sostiene Carolina Hörmann, sicóloga de la Universidad Católica y consultor senior de esta firma.

De acuerdo al doctor Eduardo Pino, sexólogo y director de la clínica Androsex, desde hace cuatro años - en concordancia con el principio de la crisis económica- las consultas por disfunciones sexuales han sufrido un giro radical: "Antes, la mayoría de las causas eran orgánicas, es decir, por enfermedades como diabetes, afecciones pulmonares u hormonales. Sin embargo, desde 1999 comenzaron a predominar razones de tipo sicológicas, como estrés, ansiedad o depresión, y que hoy representan el grueso de las consultas masculinas", observa este especialista, quien agrega que las situaciones que producen mayor estrés en el hombre son la muerte o separación del cónyuge, la pérdida del empleo y el cambio forzoso de casa. En ese orden.

Según él, existe una fuerte relación entre el aumento de estas patologías sicológicas y la crisis del país: "Los problemas de la microeconomía son relevantes en el plano sexual, especialmente para el hombre, quien refuerza su virilidad a través del dinero, y para quien esta clase de circunstancias son su punto más débil".

Pero no sólo los hombres han visto su intimidad derrumbarse. Ellas también viven su propio calvario, aunque de una forma diferente. "El se aísla y así pasan semanas en que no hablamos. Y me siento mal, porque no estoy aportando plata y, además, me siento sola...", dijo una mujer de segmento medio-bajo, durante el focus group.

Sin temor y con gran franqueza, otras también expresaron sus sentimientos. Una trabajadora dijo: "Nosotros también estamos en conflicto: uno se olvida de hacerse cariño, de estar con la pareja... Y resulta que las mujeres trabajamos mucho con la mente y también con el corazón, y si algo anda mal, no funcionamos en la intimidad".

Finalmente, muy dolida, una mujer admitió: "Ha sido muy difícil: hoy en nuestra casa hay mucho silencio..., mi marido se ha convertido en mudo. Cuando habla, encuentra todo malo, y eso me ha bajado la autoestima...".

En cifras, según Collect, un 43% de los chilenos reconoce que la crisis influye en el estado de ánimo, tensionando a la pareja; el 28% ve que hay más discusiones; sólo un 15% dice que la pareja se une más; el 12% acusa distanciamiento del otro, y el 3% admite tener problemas en su intimidad.

Cuánto importa el otro

Sin embargo, de todas las causas que hoy ponen a prueba a los matrimonios chilenos, el desempleo es sin duda la más difícil.

Para Carolina Hörmann, la pérdida del trabajo es siempre un problema para la pareja, con la única diferencia de que algunas saben cómo llevar la situación y otras no: "El desempleo por sí mismo no es el causante de los conflictos. Sin embargo, somete al matrimonio a una compleja situación, donde finalmente se revela la calidad de la relación".

De esta forma, el hombre puede encontrar en su esposa un gran punto de apoyo. Al final, la relación puede salir fortalecida. En cambio, aquellos matrimonios a mal traer, pero que viven de las apariencias, van dejando muchos conflictos bajo la alfombra. "Una vez que el dinero se acaba, empiezan las peleas y muchos terminan separándose", confidencia Hörmann.

Se trata de las relaciones basadas en el dinero, un síntoma alarmante, pero que según esta especialista, cada vez es más frecuente entre los ejecutivos a quienes entrenan para su reincorporación en el mundo laboral.

Con gran preocupación también ha visto a hombres que ocultan su situación a la pareja por temor a recriminaciones y sentir más afectada su alicaída autoestima. "Pero es un pésimo negocio, puesto que a un problema se agrega otro. La familia siempre debe ser la primera en saber", recomienda.

Según datos de DBM, se ha probado que una persona que ha recibido la comprensión, energías, confianza y apoyo de su pareja, tiene mejores resultados en las entrevistas laborales. "En cambio, si tu cónyuge te tira para abajo, si te cuestiona otras áreas de tu vida, ¿con qué seguridad vas a enfrentar una entrevista?", cuestiona la sicóloga.

Ciertos cambios sociales habrían ido atenuando los conflictos por escasez de dinero. Cada día más mujeres ingresan al campo laboral, aportando económicamente en el hogar, lo que ha alivianado la responsabilidad masculina. Además, aquellas que cuentan con experiencia profesional son más comprensivas y solidarias cuando su pareja enfrenta el despido.

Otro punto a favor es que las nuevas generaciones masculinas están más compenetradas y abiertas a las tareas domésticas, por lo cual no se sienten menoscabados cuando deben encargarse del hogar a causa del desempleo.

De esta forma nuevas generaciones de hombres menos condicionados al dinero y el éxito y matrimonios cuya relación se basa en el amor son las únicas formas con que los chilenos podrán capear las adversidades y salir fortalecidos.

Claves para triunfar

Dialogar constantemente sobre qué tipo de vida aspiran y con qué valores;

Preguntarse cómo quieren educar a sus hijos y qué enseñanzas traspasarles, eso los ayudará a no perder el norte;

Enseñarles a los hijos a no ser tan materialistas y a que los padres no son una fuente inagotable de dinero;

Explicarles a los hijos que la riqueza no sólo se mide en términos económicos;

Llevar una vida austera, cuyos gastos estén acordes con los ingresos;

Tener confianza en la pareja;

Apoyar al otro, subirle la autoestima y jamás criticarlo;

Ser positivos, buscar siempre el lado bueno y nunca echarse a morir;

Forjar una relación basada en el amor, nunca en el dinero;

Ver las adversidades como una prueba donde ambos pueden salir fortalecidos y nunca como una amenaza a la relación.