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Tal como ocurre con
las empresas, las sociedades conyugales pueden o no ser eficientes
en el manejo de sus recursos. Aquí también una mala
gestión suele dar paso a desagradables peleas e, incluso,
llevar a la 'quiebra' del matrimonio. Mientras tanto, hombres
y mujeres se disputan palmo a palmo la administración del
presupuesto familiar.
María Cecilia,
una joven y buenamoza ingeniero comercial de la Universidad Católica,
todavía no es capaz de distinguir la causa exacta que la
hizo poner fin a más de cinco años de matrimonio.
Sí puede decir con certeza que, además de la disminución
de los afectos, la poca importancia que su marido le asignaba
al aspecto económico fue un factor detonante en el quiebre
de la relación.
"Alberto nunca
se preocupó de la plata, lo que al principio de nuestro
noviazgo me parecía bastante romántico y especial,
porque era muy generoso y encontraba de pésimo gusto poner
esa clase de temas sobre la mesa. Él proviene de una familia
bien acomodada, para quienes siempre ha sido normal tener dinero",
relata esta mujer de 33 años, gerente de marketing de una
empresa de comunicaciones.
Sin embargo, no fue
hasta algunos meses después de la luna de miel cuando María
Cecilia constató que su flamante esposo no sólo
ignoraba el valor del dinero, sino que además gastaba los
recursos sin ninguna conciencia. Así, ella debió
asumir la mayoría de los gastos fijos, como el arriendo,
las cuentas y la empleada, puesto que su pareja 'invertía'
sus recursos en cambiar de auto, negocios que nunca veían
la luz, fiestas y salidas a comer.
"Como el dinero
era casi un tabú para Alberto, durante mucho tiempo callé
por respeto y porque esperaba que él madurara. Sin embargo,
pasaron los años y la cosa siguió; tampoco podíamos
conversarlo porque él evadía el tema. No pude más
y exploté. Caí en la cuenta de que con él
yo no me podía planificar, sino que vivir el día
a día, a expensas de sus padres. Y eso me dolió
profundamente, sobre todo porque él no estaba dispuesto
a hacer nada para cambiar, y yo tenía mis sueños...",
explica, aún dolida por su separación.
Es que, si bien el
amor sigue siendo el principal requisito para la unión
de las parejas, sentando las bases estructurales de la relación,
lo cierto es que con los años, la llegada de los hijos,
la adquisición de una vivienda o las expectativas de mejorar
el nivel de vida, hacen que el 'vil dinero' tome una posición
preponderante y, en algunos casos, hasta desmesurada dentro del
matrimonio.
Así, el mal
manejo de los recursos o la inexistencia de una en meta común,
no sólo pueden llevar al fracaso económico, sino
que, como ocurrió con María Cecilia y otras parejas,
también pueden conducir a la 'quiebra' del matrimonio.
El punto neurálgico
está en la administración de los ingresos. Un asunto
para nada doméstico, ya que, a fin de cuentas, un matrimonio
es también una suerte de sociedad empresarial, a la cual
se le exige eficiencia en el manejo de sus recursos. Sólo
así ambos pueden expandir sus bienes, ahorrar, realizar
inversiones, otorgar una mejor educación a sus hijos. En
definitiva, llevar una vida tranquila, sin grandes sobresaltos.
De lo contrario, tarde o temprano comienzan los roces y las peleas.
Ambos aportan y deciden
De acuerdo con una
encuesta realizada en exclusiva para Enfoques por Collect Investigaciones
de Mercado, un 43% de los matrimonios entre los 25 y 50 años
considera que la administración de las platas en la pareja
es muy importante, un 40% sostiene que es importante, un 16% le
otorga mediana valoración y sólo un 2% le resta
absolutamente preponderancia.
No existen libros,
teorías ni recetas que aseguren una buena gestión.
Por eso, la mayoría de las parejas se deja llevar por su
intuición a la hora de administrarse, con fórmulas
variopintas, pero cuyo éxito depende del empeño
de cada una.
En el caso de Carmen
López (31) secretaria, y Juan Pablo Avaria (34), empresario
independiente, la opción ha sido contar con un fondo común,
para de ahí pagar los gastos fijos y destinar un pequeño
margen al ahorro. En este caso, ella se encarga de pagar las cuentas
y el sueldo de la empleada, y él el arriendo, el supermercado
y el colegio de los niños.
Según Collect
Investigaciones de Mercado, se trata de la alternativa más
utilizada por el común de los matrimonios, donde el 41%
dice manejar los recursos de forma compartida.
En el sector alto de
la población se recurre especialmente a dos técnicas:
administración conjunta de las platas (36%), y repartición
de las obligaciones mediante cuentas corrientes independientes
(36%). Aquí el rol administrativo no es papel exclusivo
ni de la mujer (7%) ni del hombre (14%).
En cambio, si bien
en el segmento C2 y C3 la gestión también es una
tarea conjunta (42% de las preferencias), para el primer grupo
la segunda tendencia es a que ellas se encarguen (30%); mientras
que en el C3 es el jefe de familia quien ve las platas (27%).
Según el decano
de economía, Universidad Andrés Bello, Francisco
Javier Labbé, si bien en el matrimonio cada uno aporta
sus distintas visiones, un tema también conflictivo es
que, mientras el hombre suele ser más arriesgado en sus
inversiones, la mujer es más conservadora.
Collect también
realizó un focus group entre 10 mujeres del sector alto,
e igual número de mujeres de clase media baja: "Mi
marido administra los gastos y yo me preocupo del ahorro. El es
muy ordenado y se encarga de todas las cuentas", dijo una.
"Él maneja todo. Mi sueldo es muy variable y más
bajo", reconoció otra. "Hay un fondo común,
pero él corre con los gastos de la casa, yo me encargo
de mis gastos personales", aseguró enseguida una entrevistada.
Y "yo aporto lo que puedo", fueron algunas de las razones.
Entre quienes trabajan,
la explicación fue que existe una marcada diferencia de
ingresos: "Afecta el que los hombres ganen más que
las mujeres, aunque tengan el mismo cargo. Por eso es lógico
que él corra con la mayor parte de los gastos".
Para las parejas jóvenes,
la administración del dinero es una tarea compartida, debido
a que ambos aportan al hogar. Se trata de un rasgo especialmente
común en los segmentos medios, claro que normalmente es
el hombre quien provee de los mayores recursos.
En el grupo conformado
por mujeres del sector alto, predominan quienes han optado por
la casa y estar más presentes en la crianza de sus hijos.
En estos casos es normal que el marido les entregue una cantidad
de dinero mensual, lo que muchas consideran un "sueldo".
Eso sí, reconocen que no es lo ideal: "Cuando se te
va la mano y gastas más, hay problemas, lo cual no ocurre
cuando estás trabajando..., hay que justificar los gastos",
dijo una entrevistada. Otra acotó: "Es más
difícil, y da 'lata' tener que estar pidiendo para comprarte
un pantalón".
Cuando tienen sus fuentes
de ingresos y participan de las decisiones administrativas, la
mayoría prefiere las cuentas separadas: "utilizar
un fondo común se presta sólo para peleas; si falta
plata a fin de mes es clásico que alguien se molesta y
pide revisar cada movimiento", explica una joven profesional.
Sin embargo, los sistemas
de administración no son planificados, sino que "se
va dando en el camino", y es la experiencia la que va diciendo
cuál funciona mejor.
"Nosotros empezamos
a lo machista: él a cargo de todo. Pero después
vino la crisis y, finalmente, quedó 'la escoba', y eso
fue sólo por mala administración. Por eso, ahora
todo lo veo yo, y él me pasa su sueldo y se queda sólo
con algo para él. Así, todo mejoró, y eso
es porque sólo la mujer es capaz de 'estirar' los ingresos",
reconoció una entrevistada.
Al respecto, otra,
aún más tajante, dijo: "La mujer siempre debiera
estar a cargo de las platas, desde el principio... Yo estuve a
punto de separarme por ese problema...".
Al final, todo vale
Pero nada es más
entretenido que indagar en las diversas técnicas administrativas
de las parejas, especialmente en los métodos para controlar
el presupuesto.
Y es que, según
lo dictan las distintas experiencias, una buena gestión
no radica en el volumen de los recursos, sino que en la correcta
administración de éstos. Eso, a la larga, no sólo
permite realizar algunas inversiones, ahorrar o vivir sin deudas,
sino que influye para que los roces o discusiones por dinero sean
mínimos, siempre y cuando se trate de una fórmula
de consenso.
María Isabel,
secretaria ejecutiva del departamento de accionistas del Banco
de Chile y estudiante de segundo año de ingeniería
comercial, es quien administra el presupuesto mensual. Cada fin
de mes su marido le entrega el grueso de su sueldo (cuatro veces
superior al de ella) para que se encargue de pagar las cuentas,
el dividendo, la empleada, el supermercado y el colegio de sus
dos hijos, entre otros.
"Yo siempre he
sido muy ordenada y desde pequeña me inculcaron el valor
del ahorro; además, por mi trabajo me relaciono mucho con
el tema financiero, por lo cual estoy más preparada para
manejar las platas", explica. Su marido, en cambio, prefiere
delegar, puesto que el tema administrativo no es lo suyo.
Además, la confianza
mutua ha sido fundamental. No en vano, María Isabel ha
demostrado con creces su capacidad, desarrollando un efectivo
programa de gastos mensuales que les ha permitido capitalizar
sus ahorros, como la adquisición de un departamento hace
un par de años y un automóvil propio. Además,
tienen todas sus obligaciones al día, llevando una vida
austera, pero tranquila.
"Básicamente,
lo que hago es proyectar los distintos costos fijos del mes que
comienza. De esta forma, si en el presupuesto figuraba pagar $240.000
de dividendo, pero éste finalmente fue de $230.000 a causa
de la UF, ahorro la diferencia en una cuenta, y ese mismo sistema
aplico con el resto de los gastos. Eso me permite programarme,
ponerme metas, tener incentivos y poder controlar mejor nuestros
recursos", explica ella, asegurando que gracias a este sistema
las peleas por asuntos financieros o administrativos son ya muy
pocas.
Juan y María,
ambos profesionales, tienen un sistema ecléctico y que
les ha dado buenos resultados. Comparten los gastos, definiendo
quién pagará qué ítem. Así,
cada cual puede ahorrar en base a los gastos variables que tenga,
en su propia cuenta. Así, además, permite cierta
independencia para que cada uno pueda, por ejemplo, gastar en
un regalo al otro sin que se entere o mantener cierta independencia
e intimidad para cosas personales.
También muy
proyectados en el largo plazo son el matrimonio de Paula, corredora
de propiedades, y Juan Carlos, ejecutivo de cuentas del Banco
Santiago.
Explican que su método
consiste en depositar una fracción de los ingresos en una
tarjeta de crédito, desde donde se paga la mayoría
de los costos fijos, como las cuentas, el colegio de los niños,
el supermercado y médicos, entre otros. Paula tiene a su
cargo esta tarjeta, la que también puede utilizar para
sus gastos personales. Así, una vez que llega fin de mes
saldan su débito y, además, pueden controlar los
gastos, ya que todas las transacciones figuran en la cartola.
Juan Carlos, en tanto,
se maneja por medio de su cuenta corriente, donde deposita el
resto de los ingresos. Desde allí gira el dinero para pagar
los dividendos, ahorrar y también para hacer gastos mayores,
como los arreglos de la casa. Además, cuenta con una planilla
de cálculos que le permite programar los gastos del mes
y fijar metas de ahorro.
"Hemos desarrollado
una fórmula muy ordenada y estricta, donde nada escapa
del presupuesto. Así hemos podido comprarnos una casa y
arreglarla a nuestro gusto. Y nos podemos dar el lujo de vivir
tranquilos", explica él. A su lado, su mujer asiente,
claro que su único reclamo es que el sistema es tan perfecto
que no se puede burlar...: "Cualquier compra personal que
yo haga figura luego en la cartola, lo cual me obliga a controlarme
y no caer en exceso que afecten nuestro presupuesto".
Cuando todo es un caos
Pero cuando las finanzas
no funcionan bien, pese a que los ingresos no han variado, muchas
veces se debe al desorden o a que no existe una meta común.
En tono pícaro, una entrevistada reconoció: "Mi
marido hace una planificación anual, yo no sé si
él la seguirá mucho, pero la verdad es que yo no
la 'pesco' para nada...".
La situación
también se complica cuando uno opta por darse algunos gustos
y justificar los sobregiros diciendo "que no le alcanzó
la plata". Un asunto muy común, e incluso inocente,
pero que suele tirar por la borda cualquier plan de crecimiento,
además de prestarse para constantes conflictos.
Un caso es el de este
publicista, quien relata su historia escudado en el anonimato:
"Mi mujer es un desastre total. Como yo soy el que mantiene
el hogar, ella tiene acceso a la cuenta y a la tarjeta de crédito,
ya que, ante mi falta de tiempo, se encarga de los pagos. Sin
embargo, es 'normal' que yo llegue a la casa y el teléfono,
la luz o el gas estén cortados por no pago. Yo no sé
qué pasa ni qué hace con la plata, pero no es justo
sacarse la mugre trabajando, para, más encima, llegar a
la casa y encontrarte con un tipo que te va a cortar la luz...
Y yo tampoco puedo encargarme de todo, ya que por mi trabajo cuento
con muy poco tiempo".
Una joven dentista
también cuenta su calvario: "Con mi marido abrimos
una cuenta de ahorro para algún día comprarnos un
auto o una casa. Sin embargo, hace poco fui a ver cómo
iban nuestros ahorros y me enteré que él los había
retirado porque estaba sobregirado y no tenía con qué
respaldarse. Y, aunque sólo eran $500.000, me dio 'lata',
porque yo soy súper ordenada, mientras que él no
se organiza y después sale con estas sorpresitas".
Las diferencias de
administración, explica Javier Labbé, de la Universidad
Andrés Bello, "llevan a múltiples peleas y
a frustraciones, ya que mientras él ve en la compra de
acciones una posibilidad más rápida para multiplicar
sus dineros, ella prefiere destinar ese dinero al ahorro, recibiendo
una tasa mucho menor. Así, nunca están de acuerdo".
Sin embargo, es un
convencido de que los chilenos cada vez administran mejor sus
platas: "Hoy tienen más posibilidades de hacer una
mejor gestión, debido a que existen más posibilidades
de información y herramientas para ser más eficientes.
Además, actualmente en la pareja ambos cuentan con estudios,
lo que aumenta la capacidad de generar flujos positivos",
observa.
Eso sí, resalta
que hoy los matrimonios están más condicionados
a ser exitosos en lo económico, y a hacerse de bienes con
mayor rapidez. Si no lo logran, viene la frustración, lo
que puede afectar la relación de pareja, aumentando las
probabilidades de poner fin a la relación.
Pese a uno que otro
reclamo, la mayoría de los encuestados por Collect está
satisfecho con los sistemas administrativos implementados, debido
a que han logrado buenos resultados (68%); y están bien
organizados (29%).
En cambio, un pequeño
grupo (5% ) está disconforme, debido a que se encuentran
endeudados y la plata no les alcanza. Por eso, aspiran a tener
mayor injerencia en el tema administrativo (91%). Gran parte (41%)
dice no tener peleas por platas, especialmente en el BC1 y C2
(46% y 59%, respectivamente).
Quienes sí discuten,
argumentan roces por los bajos ingresos (25%), lo que se acrecienta
en el C2 (39%); mala administración por parte del otro
(10%), reclamo que aumenta en el BC1 (24%); estilos discrepantes
(8%), sensación más notoria en el C2 (14%); inequidad
en la repartición de los gastos (6%), lo que se hace sentir
especialmente en el BC1 (8%).
Lo anterior fue contrastado
en el focus group, donde se pudo apreciar que existe mayor sensibilidad
en el segmento C2 - C3, reconociendo que el tema lleva a discusiones.
"No es que las
peleas se produzcan directamente por dinero, pero éste
influye en el estado de ánimo de mi marido, lo cual genera
roces por asuntos muchas veces sin importancia, pero que igualmente
van desgastando la relación", asegura una entrevistada.
Otra mujer, esta vez
de clase alta, aportó lo suyo: "Aunque digan que no,
la plata igual afecta. Los maridos están todos metidos
en sus pegas, y es uno la que tiene que estar preocupada de recordar
las cosas, y eso los pone tensos". Según este segmento,
las principales causas de las discusiones son porque el marido
encuentra que la mujer gasta mucho, o porque ella cree que éste
debe producir más.
También argumentan
falta de equilibrio: 'De repente me doy cuenta que yo estoy poniendo
un poco más de plata, pero resulta que yo gano menos...
Entonces llego y pregunto qué pasa, y ahí nos ponemos
a ver', dice una joven del sector alto.
Sin embargo, es en
los segmentos medios donde la insatisfacción es mayor:
"Mi marido es quien paga y quien lleva las cuentas, pero
siento que falta comunicación de pareja"; "yo
me siento mal de que sea mi marido el que más aporta";
"a mí me gustaría que el tuviera más
conciencia de lo que se paga, además vive muy el día
a día, no piensa en el futuro, sólo le gusta disfrutar
del presente"; "a mí no me gusta, porque al principio
yo trabajaba, y ahora es distinto y cuesta opinar cuando sólo
él mantiene el hogar", fueron sólo algunos
de los reclamos.
Es que, en definitiva,
el matrimonio es una empresa donde, además de lo monetario,
también están incluidos los asuntos del corazón
y los hijos. A ello se suman resabios sociales, generacionales
y sexuales. Sin duda una configuración difícil,
donde son la autoestima y el amor los que finalmente se ven mermados
cuando las cosas no funcionan según lo pactado.
Claves para mejorar
No existen recetas
ni fórmulas mágicas para administrar eficientemente
los ingresos. Sin embargo, aquí van algunos útiles
consejos:
*Un sistema de administración
de consenso, donde cada uno se sienta cómodo, pero a la
vez responsable de su rol;
*Ser equitativos con
las exigencias de cada uno;
*Llevar un estricto
orden de las entradas y salidas de dinero;
*Manejar un plan mensual
de gastos, tratando de que los fijos no superen un monto preestablecido,
lo que favorece el ahorro;
*Ahorrar teniendo una
meta común, como la futura adquisición de una casa;
*Ponerse metas de ahorro
realistas y alcanzables en el mediano plazo;
*Dar libertad al otro
para realizar compras personales y disponer de un fragmento de
su sueldo;
*Entera confianza en
la pareja;
*Si lo suyo no es el
orden o la administración, dejar la tarea en manos de quien
sea más
capaz y responsable. A la larga, notará los resultados
y lo agradecerá;
*Tomar las decisiones
importantes entre ambos;
*Siempre buscar una
manera de ir perfeccionándose;
*Recordar que, más
allá de los conflictos, el amor siempre es lo más
importante.
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