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Los elegidos - con
entre uno y 30 años de convivencia, de edades entre los
22 y los 60 años, la mayoría de ellos con una media
de dos hijos- les mostraron el camino, revelando lo que los especialistas
han bautizado como "juegos de incomunicación":
las triangulaciones de celos, la obsesión por querer cambiar
al otro miembro de la pareja, querer siempre adivinar lo que dice
o piensa, compararlo con la familia de origen, depender excesivamente
de él/ella e idealizar la etapa del enamoramiento fueron
las dinámicas que más se repitieron en los matrimonios
observados. Y en todos ellos provocaban los mismos efectos: la
autodestrucción de la pareja, la desvalorización
mutua de sus miembros y la sensación de fracaso, envueltos
por sentimientos de angustia, enojo y tensión.
"Todos estos son
juegos nocivos en la relación de pareja. Parten con un
gesto sencillo, que conlleva una acción a la que pueden
atribuírseles malas interpretaciones. De ahí en
adelante se da toda una coreografía comunicacional que
incluso puede exceder el marco de la relación e involucrar
a otros miembros", explica el sicoterapeuta y doctor en sicología
argentino Marcelo Rodríguez Ceberio, director de la Escuela
Sistémica Argentina y vocero de los investigadores. Y para
él, discípulo cercano de Paul Watzlawick - uno de
los precursores de la teoría de la comunicación
humana- , la base de todos los conflictos está, precisamente,
en la incomunicación, en la incapacidad de las parejas
de encontrar las herramientas para expresar sus puntos de vista.
"Además
de la incomunicación, todos estos problemas tienen elementos
comunes. Los cónyuges están más preocupados
de decirle al otro que de escucharlo. Siempre hay un juego de
poderes, en el que uno de los miembros de la pareja desea salir
victorioso. También, se expresan descalificaciones en forma
de agresión, mediante gritos o ironía", enumera.
Para Rodríguez
Ceberio los problemas de incomunicación se dan con más
fuerza en aquellas parejas que luchan por tener un espacio de
poder dentro de la relación. Para él, lo clave es
que las parejas olvidan la frase: "Yo soy yo y tú
eres tú. Pero yo soy yo porque tú eres tú'.
Todo, todo lo que hacemos influye en nuestras parejas y en la
relación".
Primer juego: La tentación
de cambiar al otro
"No creí
que fueras así" dice la mujer en medio de la terapia
de pareja. Su marido le contesta: "¿Cómo creías
que era? ¿Cómo me inventaste? ¿Dónde
estabas cuando me conociste?
El juego idealizar/realificar
forma parte del proceso de una relación de pareja, explica
Marcelo Rodríguez Ceberio. Pero cuando uno de sus miembros
se entrampa en la necesidad de producir cambios en el otro, de
acuerdo con sus propios preceptos, se cae en este juego de incomunicación.
"Esto ocurre cuando uno se ha enamorado de otro que es un
fantasma, que no es la pareja real, e intenta que ese otro se
acomode. Es una trampa bastante grande, porque impide la consolidación
de una pareja madura y real, que es que ambos se acepten a sí
mismos", describe el terapeuta. Cuando esto sucede, ambos
miembros de la pareja quedan atrapados en una dinámica
que nunca da pie a la aceptación del otro tal cual es.
Mientras uno intenta que el compañero se acomode a sus
propias expectativas, que son los deseos ideales depositados en
el otro, el otro nunca podrá amoldarse a semejantes perfiles
idealizados, con la consecuente desvalorización de no sentirse
reconocido por lo que es en realidad. "Lo importante es entender
que la frase 'algún día cambiará' nunca llega,
y que nunca se ama al otro en su totalidad, sino ciertos valores
y creencias que se adecuan a nuestro estilo de vida. La consumación
de una pareja madura profunda implica aceptar estas partes que
amo e incorporarlas a la vida, y negociar con el otro aquellas
partes en las que uno no puede pedir intento de cambio".
Segundo juego: Perdurar
la oferta y demanda de la conquista
Una relación
amorosa, explica Marcelo Rodríguez Ceberio, se convierte
en una relación de pareja sólo cuando ambos permiten
establecer cuáles son los aspectos del otro que lo motivan,
y cuáles son aquellos tópicos que no alientan al
amor. Cuando una pareja no logra realizar ese ejercicio, se queda
entrampada en el juego que él llama "oferta y demanda
en la conquista". Es decir, en el período en que ambos
se sedujeron para estar juntos y donde sólo mostraron lo
que el otro quería ver, proponiéndose como la mejor
opción.
"Todo esto es
un juego romeico - como de Romeo y Julieta- , un enamoramiento
plagado de idealizaciones. El tema es cuando, después del
período idealizado, se cae a un mundo mucho más
real, donde puedo ver todos los defectos del otro. Ahí
surge la angustia y la separación. Y comienzan también
las ganas de querer cambiar al otro", argumenta. Y agrega:
"Hay una relación directamente proporcional entre
la idealización que se desarrolló en el primer período
y la frustración de cara a la pareja real. La virtuosidad
proyectada por una parte y ostentada por la otra hace que se torne
intolerable la posibilidad de percibir aquellas partes que se
consideren defectuosas".
A lo largo de la investigación,
el equipo de terapeutas observó que estas proyecciones
ideales no sólo se remiten al primer período de
la relación, sino que pueden aparecer en cualquier momento
en pequeños detalles de la comunicación. Por ejemplo,
cuando uno de los miembros de la pareja espera una respuesta de
su cónyuge y recibe otra. "A veces las reacciones
a simple vista del que recibió lo que no quería
escuchar parecen desmedidas, pero en realidad esconden desilusión.
Y si existe desilusión es porque de alguna manera se construyó
una ilusión del otro".
Tercer juego: "No
somos dos, sino seis"
Esta consecuencia de
la incomunicación tiene que ver con la pareja y su relación
con sus familias de origen. Rodríguez Ceberio lo llama
"No somos dos, sino seis", porque hay dos figuras reales,
hombre y mujer, más dos figuras identificatorias: el padre
y la madre de cada uno, a los que les llama "cuatro fantasmas
que permanentemente intercambian en el aquí y el ahora".
Las identificaciones que tengan cada miembro de la pareja con
estas figuras marcarán su vínculo relacional. "Puede
ser o que inconscientemente busquen al padre o a la madre en su
pareja, o bien que busquen a alguien que sea todo lo contrario.
Esto afecta la fluidez de la relación, ya que siempre aparece
la familia de origen como paradigma. Y en cierta manera es lógico,
porque las creencias, los valores y modelos de lo que es ser hombre
y mujer se internalizan a partir del seno de la familia de origen.
El problema es cuanto mayores sean esas diferencias, mayor será
el conflicto". Lo importante, apunta el especialista, es
que las parejas sepan transformar esas diferencias dadas por su
sistema de valores y creencias en complementariedades, que finalmente
son la razón de ser una pareja. "Yo tengo un matrimonio
en consulta donde ella es muy desprolija con el manejo del dinero,
y él tiene formación como contador. Él dice:
eres una despilfarradora. Y ella le responde: y tú un obsesivo.
Entonces trato de mostrarles que entre ambos tienen una hermosa
complementariedad. Ella permite que él sea menos rígido.
Y él, que ella no sufra el tener un marido irresponsable
con el dinero".
Cuarto juego: "Acercarse
y alejarse"
Esta interacción
se da en aquellas parejas en las que hombres y mujeres funcionan
bajo una excesiva dependencia. "Sucede cuando el otro se
convierte en un frasco de suero, y el otro depende por completo
de él. El que ofrece el apoyo comienza a asfixiarse y a
tomar distancia, y cuando lo hace, el más desvalido se
siente rechazado y comienza a atosigarlo, lo que genera una mayor
distancia", grafica Rodríguez Ceberio.
La dependencia es un
juego que se desenvuelve y llena de disfuncionalidades la relación,
porque el compañero se vuelve indispensable para la vida:
se depende de él o ella para salir, para elegir, para decidir,
para valorizarse, para tomar iniciativas, para conocer el propio
estado de ánimo. Eso genera en el otro las ganas de huir,
de salir de la asfixia a la que está sometido.
El estudio demostró
que la mayoría de las parejas que sufren de dependencia
consultan por separado; uno aparece porque se cansó de
reclamar la presencia del otro y por eso quiere terminar la relación.
Por otra parte, el otro miembro se desespera y comienza a cumplir
con esa presencia, a cambiar, pero termina asfixiándose
ante los requerimientos. Ambos comportamientos, dice Rodríguez
Ceberio, son expresiones que indican una falta de compromiso que
necesita una relación de pareja.
"Los juegos del
acercarse y alejarse - como el gato y el ratón- , son una
forma que tiene la pareja para demostrar que son incapaces de
comprometerse. Los integrantes de la pareja, o alguno de ellos,
viven la relación afectiva como asfixiante y tienden, de
cara a semejante atribución, a huir rápidamente
del vínculo. Alguien afirma que desea comprometerse y estar
con los dos pies en una relación. Pero cuanto más
se trata de acercar, más se aleja".
Quinto juego: La dialéctica
"del amo y el esclavo"
Los juegos de poder,
dice Rodríguez Ceberio, son inherentes a todas las relaciones
humanas. Pero el problema en la pareja, comenta, se produce cuando
sus miembros confunden competir con compartir, "y se ciernen
en disputas que, de no primar cierta inteligencia emocional, terminan
en sendas escaladas de agresión, con el riesgo de terminar
colgados de una telaraña igual que en la película
La guerra de los Roses".
De hecho, la díada
compartir/competir fue una de las más observadas en las
parejas analizadas. Y siempre hay una figura que se establece
como vencedora, y la otra como vencida, la que va generando rabia
que, tarde o temprano, descargará en una forma de venganza.
El vencedor se siente dominante, muestra el especialista. En su
discurso ocupa frases como: "¿Te acuerdas cuando te
dije?", "Es que siempre tengo que decirte todo",
"Como siempre". Tampoco hay espacio para las críticas.
Si uno le acota algo que le disgustó al otro, en vez de
encontrar una respuesta reflexiva, encuentra el puntapié
inicial de una pelea donde ninguno de los dos se escucha, sino
que se ataca. Primero, a ellos mismos, y luego a su entorno afectivo:
padres, familia, compañeros de trabajo, amigos. "Rápidamente,
las críticas se transforman en descalificaciones. Las descalificaciones
suben de tonalidad y pueden convertirse en agresiones verbales
que, de seguir escalando, continúan en violencia verbal
con el riesgo de terminar en un caos de violencia física",
dice Rodríguez Ceberio.
Sexto juego: El juego
de los supuestos
Los supuestos son comunes
en la comunicación, pero en las relaciones humanas, enfatiza
el terapeuta argentino, el liderazgo de atribuciones y suposiciones
lo lleva la pareja. "Por la creencia de que al otro se lo
conoce en profundidad, se da por sentado lo que el otro quiere
expresar mediante un gesto, palabra o actitud. Piensa: como ya
te conozco, sé lo que vas a decir. El suponer lo que el
otro dice, y no preguntar directamente, hace que se empiecen a
generar malas interpretaciones, y esas comunicaciones distorsionadas
terminan generando un conflicto que crece como bola de nieve".
Un gesto, una frase,
una acción, puede ser el motor que arranque para llevar
a cabo una interpretación. Pero esa interpretación,
advierte el especialista, no siempre es correcta. "El gesto
de los labios en herradura, por ejemplo, puede ser entendido tanto
como enojo, tristeza o rabia, hasta como un dolor de muelas. El
problema radica en las respuestas que surgen a partir de la suposición.
No será la misma interacción si entiendo al gesto
como un dolor o como enojo. Cualquiera de estas dos interpretaciones
abre un camino de sucesivas recursividades, de lo que puede resultar
un encuentro amoroso o el infierno", advierte el sicólogo.
Así, se confeccionan
las llamadas "profecías autocumplidas": "Por
ejemplo, alguien tiene el ceño fruncido porque le duele
la cabeza, y el interlocutor supone que está enojado; comienza,
entonces, a hacer cosas para que el otro se divierta, y lo único
que logra es que su compañero se enoje, porque con sus
actitudes le producen mayor malestar". Aquí, lo más
importante es que los miembros de la pareja logren comunicar especificando
lo que trataron de transmitir. "Una simple pregunta acerca
del supuesto personal (¿te duele la muela?, ¿estás
enojado/a?), o una pregunta abierta (¿qué es lo
que te pasa que tienes los labios tiesos?) puede aclarar cualquier
error de interpretación y evitar futuros entuertos comunicacionales".
Séptimo juego:
Las triangulaciones de celos
Para explicar esta
interacción, Marcelo Rodríguez Ceberio alude a la
siguiente escena: la de una esposa celosa e insegura, que fantasea
que su marido centra su mirada en su nueva secretaria. Entonces,
no le pierde pisada y comienza a llamarlo a la oficina, a controlar
obsesivamente los horarios. Quince minutos de retraso en la llegada
a la casa pueden ser el detonante de una catástrofe amorosa.
Hay reclamos y acusaciones de infidelidad con su nueva secretaria.
"La situación
se repite a través del tiempo, y él se siente tan
oprimido en la relación que comienza a buscar momentos
de oxigenación. Llega cada vez más tarde a su casa.
Hace tiempo en el trabajo. Se toma una cerveza con sus amigos.
Todo ese tiempo fuera de su casa es caldo de proliferación
de fantasías por parte de su mujer que ahora está
segura de que su marido la engaña. Ella se ha transformado
en una bruja hostil que lo desvaloriza y lo hace sentir como tonto".
Este juego es, quizás,
el más peligroso: el de las triangulaciones de celos. Entre
las parejas estudiadas resultó ser el principal motivo
de consulta, a pesar de que la causa por la que llegaban fuera
otra. Y el objeto de celos puede ser un sujeto real o fantaseado,
"porque no siempre existe, o bien puede no ser una figura
de carne y hueso: puede ser un grupo de amigos, la televisión,
el deporte", ejemplifica el especialista.
En una pareja, siempre
el celoso se siente inseguro, tiene miedo de ser abandonado. En
cambio, una persona con una autoestima saludable no piensa que
su compañero/a pueda enamorarse de otro, porque siente
que ambos no necesitan buscar fuera de la relación satisfacer
sus carencias. El problema de la triangulación de celos,
advierte el sicoterapeuta, es que las desvalorizaciones y reproches
mutuos pueden terminar construyendo un círculo vicioso.
"Una mañana, el señor acusado de infidelidad
llegará a su trabajo, y una compañera de la oficina
le dirá: hola, ¡que elegante estás hoy! Al
él se le iluminarán los ojos. ¡Alguien ha
reparado en él sin descalificarlo! Ese hecho puede ser
el comienzo de una infidelidad real que se originó de una
fantasía".
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