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Antes esta
situación existen dos clases de pareja: los que deciden
destruir al otro, pese a quien pese y cueste lo que cueste; y
los que, superada la crisis, deciden mantener una relación
cordial con el ex. Estos últimos tienen el camino más
fácil para conseguir alcanzar cierto grado de amistad después
del amor. ¿Pero esta amistad es real o es sólo un
espejismo?
Un espejismo
Cuando se acaba una relación de forma cordial, los afectados,
mostrando apariencia de civismo, deciden iniciar una nueva relación
de tipo amistoso. Y aunque esto es una decisión muy acertada,
la realidad nos indican que lo único que son capaces de
establecer es un espejismo de amistad. ¿Por qué?
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Normalmente
cuando se decide mantener una relación de amistad con la
pareja es porque aún quedan intereses comunes que hay que
compartir: hijos, cuestiones monetarias y amigos en común.
Pero al haber vivido experiencias tan íntimas como la muestra
de sentimientos o sexo, este nuevo tipo de relación amistosa
que se mantiene no es completamente sincera. Hay ciertos temas
que se esquivan, por ejemplo todos aquellos relacionados con nuevas
relaciones afectivas.
Pero, además,
para lograr alcanzar pasar de pareja a amigos, suele ser necesario
un tiempo prudencial desde que se produce la separación
entre los afectados. Esto se hace necesario porque normalmente
uno de los dos siempre es el que más sufre y necesita de
más tiempo para aceptar el fracaso y para eliminar el rencor
por el otro, antes de dar el paso hacia la amistad. Es imposible
establecer una amistad cuando todavía se tienen en mente
y en el corazón todos los reproches hacia el otro por la
separación.
Los hijos, punto de unión
Cuando en una relación ha habido hijos, se hace necesario
que después de la separación ambos implicados mantengan
una relación de cordialidad, y mucho mejor si es de amistad.
Así se hace más llevadero la toma de decisiones
entre ambos ante problemas comunes, a pesar de no estar juntos.
Si no se tienen
hijos, la decisión de ser amigos o desaparecer directamente
uno de la vida del otro es libre. No tienen ningún punto
en común que haga necesario que sigan manteniendo el contacto
si no lo desean. Así ambos podrán iniciar una nueva
vida sin necesidad de volverse a ver. Pero si se decide mantener
una amistad, ésta suele ser más sincera que aquellas
parejas que lo hacen por necesidad.
Recurrir a
ayuda profesional
Cuando los problemas que motivaron la ruptura fueron muy graves
y se hace imposible mantener una relación cordial, pero
se tienen hijos o propiedades que les van a mantener unidos para
toda la vida, lo mejor es acudir a un terapeuta que actúe
como mediador.
El psicólogo
ayudará a mejorar la comunicación entre la pareja
durante la disolución de la unión y establecer los
nuevos patrones que determinarán un nuevo tipo de relación,
si no de amistad, sí de cordialidad. El respeto, la escucha
y la tolerancia se deberán imponer al odio y al rencor,
porque donde una vez hubo amor, pueden aún quedar rastros
de confianza, cariño y admiración, y esto es lo
que potenciará el especialista.
Por lo tanto,
conseguir establecer una relación de amistad después
del amor es muy difícil, sobre todo si la ruptura se produjo
de forma violenta. Pero no imposible. La clave está en
el respeto hacia el otro... y tiempo, mucho tiempo.
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