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Estudios científicos
revelan que el amor, ese sentimiento tan antiguo como el mismo
hombre, puede lograr un mejor funcionamiento del organismo, cambiar
el estado de ánimo y percibir con mayor detalle el mundo
que nos rodea y provocar así, una visión optimista
del mismo. Sin embargo, ante esa desbordada alegría que
provoca el amor, cabría recordar la frase "todo con
medida", porque el amor en exceso puede ser malo, ya que
cualquier individuo puede volverse dependiente del mismo.
La razón, es la segregación de diversas sustancias
químicas en el cuerpo, que produce un olor peculiar que
atrae a la pareja y a la cual, se llega a acostumbrar, pero que
luego de un tiempo puede causar adicción, situación
que provoca, en caso de ya no tener a la persona amada, caer en
una depresión, angustia o hasta el suicidio.
Para que la búsqueda de una pareja sea efectiva, la evolución
ha dotado a los seres humanos de una química, muy especial
que desata una verdadera tempestad de sensualidad en el organismo.
Los neurobiólogos saben que el deseo sexual, lo que algunos
también llaman amor, nace en nuestro cerebro, concretamente
en sus capas más profundas y primitivas, es decir, en el
sistema límbico, un anillo de estructuras neurológicas
interrelacionadas que regulan todas las emociones, también
conocido como hipotálamo.
Con ello, se rompe el mito de que cuando alguien se enamora es
por culpa del corazón, pues ese ocupado órgano sólo
tiene tiempo de bombear la sangre al cuerpo y no de hacerse cargo
de los sentimientos.
Aunque claro, quien quiera ser muy científico y se aventure
a decirle a su novia o esposa que la quiere con todo el hipótalamo
(en lugar de todo el corazón), corre el riesgo de recibir
una bofetada o mínimo un desprecio, pues el error científico
de Aristóteles, quien afirmó que era el corazón
el responsable de los sentimientos y emociones, permanece con
mucho arraigo aún en nuestros días.
En la región
del hipotálamo, según los especialistas, es donde
se produce una sustancia similar a la cocaína, denominada
dopamina.
Este neurotransmisor invade la mente, permite vivir con pasión
un amor intenso, porporciona un placer voluptuoso y, cuando sus
niveles se desequilibran, hace que se pierda el control.
La dopamina, según los científicos, es la responsable
de susurrarle a nuestros cuerpos "tienes que desear".
Entonces la hipófesis -glándula situada en la base
del cerebro- comienza a producir y segregar el torrente sanguíneo
oxitocina, neurópeptido que estimula los órganos
sexuales.
Entretanto, las gládulas suprarrenales liberan adrenalina
y provocan que el corazón palpite desbocado, que suden
las manos y se entrecorte la respiración en un beso apasionado.
Y contrario a lo que se pudiera pensar, los besos, esa actividad
que provoca intercambio de cientos de colonias de bacterias y
quema varias calorías, tiene un origen nutricional y no
sentimental, pues de acuerdo con las teorías de algunos
científicos, se empezó a besar para conseguir la
sal que el cuerpo necesitaba.
Entonces, explican los especialistas, "Cuando la pareja se
separa, ocurre la misma situación que si a un adicto se
le quita el estimulante, es decir, se cae en una depresión;
y sólo puede ser curada si en la vida de esa persona surge
una motivación que supla esa ausencia. En el caso específico
del amor, puede ser otra pareja.
Por eso es muy común la frase de que `un clavo saca a otro
clavo'.
"Los tratamientos para curar un mal de amor, al igual que
una drogadicción son prolongados y dependen del tiempo
que se haya pasado junto al estimulante. Por eso, cuando después
de un rompimiento, surge una reconciliación, puede decirse
que es una recaída".
Por lo anterior, dentro de la gran gama de males de los inicios
del Tercer Milenio, también puede estar incluido el amor.
Mal que a diferencia de los demás, la mayoría de
la gente quiere padecer, por lo menos una vez en su vida.
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