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Dar y recibir amor:
el amor es entregarse al otro, buscando lo mejor para él.
El amor inteligente alberga tres ingredientes simultáneos:
una buena relación sexual, que se irá consiguiendo
con el tiempo, la compenetración psicológica, que
implica aunar corazón y cabeza, sentimientos y razones,
y la compenetración espiritual, es decir, aspirar a elevarse
y superar los vaivenes propios de la vida.
Lo importante es lo
pequeño: el mejor amor se echa a perder si no se cuida
a base de pequeños detalles que hacen agradable la convivencia.
Es como una planta a la que hay que cuidar y mimar. Es un intercambio
de conductas positivas y gratificantes que parecen no tener importancia.
Por ejemplo, esperar la llegada del otro, sorprenderle con algo
agradable, ir al cine, una cena romántica, un vestido especial...
Mantener el amor joven es mantener siempre la capacidad de sorprender
al otro en cosas menudas, insignificantes, pero que convierten
al otro en ese ser único y especial.
No ser excesivamente
susceptible: ser hipersensible es nocivo pues puede llegar a convertir
la convivencia en algo insoportable. Es menester aprender a "llevar
al otro" restando importancia a esas inevitables dificultades
de la vida en pareja. Hay que olvidar las pequeñas tensiones
que inevitablemente conllevan cualquier convivencia, superándolo,
mirando la parte positiva de los problemas y suavizando siempre
la situación.
Evitar discusiones
innecesarias: aprender el arte de aceptar distintos criterios.
Aquí se mezclan con arte y oficio, el saber ceder, el saber
encajar y la capacidad para zanjar un tema sin volver obsesivamente
sobre él. Esto evitara esas discusiones que no conducen
más que a alimentar la lista de agravios y no conducen
a nada.
Tener capacidad de
reacción: hay que evitar que las tensiones y problemas
impidan el diálogo durante horas o días, gestos
negativos, lenguaje crítico hacia el otro... Hay que saber
pedir perdón, aproximarse al otro e impedir que ninguno
se sienta demasiado derrotado. Una pareja bien avenida se crece
en las dificultades y tiene recursos para superar y sortear los
escollos de la vida.
Adquirir habilidades
comunicativas: muchos problemas en la pareja se deben a errores
en la comunicación. Hay que aprender a respetar al otro,
mostrándolo con palabras, gestos y acciones, saber ponerse
en su lugar, cuidar el lenguaje verbal, saber expresar lo que
realmente queremos decir. Asimismo, también se tiene que
tener en cuenta la comunicación no verbal, la mirada, la
cara, los gestos, todo ello influye y mucho en nuestra relación
con la pareja.
Procurar que no salga
la lista de agravios: aquí la palabra es plata y el silencio
es oro. Aprender a callar cuando es redundante hablar, cuando
solo sirve para pelear, es el mejor argumento para evitar agravios
y recriminaciones que solo conseguirían envenenar a la
relación.
Tener el don de la
oportunidad: para plantear cualquier cuestión conflictiva
o ante una decisión importante, se ha de evitar hacerlo
en los momentos de cansancio o tensión.
Intercambiar recompensas:
ello requiere compenetración y estar atento a las necesidades
del otro. Estas cosas son las que rompen la monotonía y
dan salsa a la relación.
Cuidar la sexualidad:
la sexualidad inteligente ensambla el contacto corporal con la
ternura y las dos partes de la pareja han de estar atentas a las
necesidades mutuas.
La sexualidad desconectada de los sentimientos rebaja y envilece
a la pareja.
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