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Perdonar
implica un profundo proceso de reencuentro con el amor que aún
pueda existir, reuniendo a quienes sienten el arrepentimiento
verdadero de disculpar un error humano y 'apostar' por un volver
a empezar cuando las circunstancias así lo permitan.
Es lógico que un engaño como éste provoque
ira, donde la decepción sea el sentimiento primario ante
un hecho que quiebra los esquemas y momentáneamente augura
un futuro negro; que cambia los sueños por pesadillas
y al ser amado lo puede llegar a transformar en el más
odiado. Sin embargo, se debe tener en cuenta que, a veces, la
víctima de esta traición ha sido quien en alguna
medida, e inconscientemente, propició ciertas condiciones
para que el adulterio se desarrollara, sin que ello signifique
aminorar o justificar la culpa del infiel.
Es válido analizar este tema desde otro punto de vista
que no sea el condenatorio, más bien desde una perspectiva
que incluya el perdón y el reconocimiento de culpas,
con todo el gran sufrimiento que ello implique y el arrepentimiento
verdadero que incluye un acto de dicotomía trascendental
en una pareja. Por una parte la víctima de una infidelidad
debe perdonar a quien provocó una gran herida -donde
contradictoriamente el verdugo es el ser más amado-;
por otro lado el infiel debe indultarse a sí mismo por
el gran error que significó herir a quien se ama.
LA PUNTA
DE UN ICEBERG
Esta conducta
social provoca un quiebre en la relación conyugal, rompe
la armonía doméstica, aunque en algunos casos,
la destrucción de los lazos familiares ya estaban rotos
antes de ocurrido el adulterio. Los especialistas, con experiencia
en la terapia de parejas nos dicen que: "La infidelidad,
aparece como una de las principales causas de la separación,
sin embargo, no es la verdadera sino que es una consecuencia
de la falta de comunicación entre los cónyuges.
Por ejemplo, el marido se siente postergado por el nacimiento
de los hijos y las labores de la casa, no lo dice a su mujer,
se lo guarda, y a la primera oportunidad de infidelidad lo ve
como un escape".
El hombre
por lo general no se siente infiel, sino más bien, que
ha tenido una aventura, un complemento sexual a su relación
matrimonial. Manteniendo -como lo dice la cultura popular-,
"a su mujer como la catedral y a la amante como capilla".
Dentro de
los múltiples estudios sobre este tema, caben varios
tipos de infidelidad o de traición afectiva, dependiendo
de su motivación y el sujeto de acción:
* Un primer
caso es la infidelidad física, producto de una curiosidad,
una fantasía no satisfecha o una etapa saltada en la
vida. La persona tiene deseos de experimentar o conocer con
otro que no sea su pareja, en vez de vivir las fantasías
dentro del matrimonio las vive fuera, no se compromete el afecto,
es sólo una aventura. "Lo curioso de esto , es que
la persona que ha sido infiel, no se siente culpable, ni que
ha roto su compromiso, siente que se saco una curiosidad actuándola
con alguien externo".
* Otro es
aquella por enamoramiento o emocional, donde la persona se involucra
mucho más con su amante, ya no es sólo una aventura
de una noche, implica sentimientos, lo cual dificulta la recuperación
de la armonía dentro del matrimonio.
* Una tercera
clase es aquella para buscar una cualidad de la que carece la
pareja estable. En unos casos, el amante está dotado
de una virtud o cualidad -psíquica, anímica, temperamental,
sexual, social o de otra índole- de la que carece su
pareja. En otros, el infiel se evade de su pareja estable y
busca un cómodo refugio donde liberarse de la opresión
de la vida y costumbres propias de la vida con su compañera(o).
* Otra variedad
es la infidelidad psíquicamente insuperable. Son las
personas incapaces de guardar lealtad o compromiso alguno. El
deseo sexual les resulta incontrolable. Son 'cleptómanos
del corazón', aprovechan la mínima ocasión,
anteponiendo su propio placer sobre sus valores. En el caso
de los hombres son los llamados 'Juan Tenorio', que dudando
de su virilidad, recurren a la infidelidad una tras otra para
comprobar su ego de hombre. Por su parte, las mujeres, les cuesta
crecer y permanecen en la etapa de la conquista, para mantener
una sensación de juventud. Generalmente son infieles
con hombres muchos más jóvenes que su marido.
* Existe
también una especie de infidelidad platónica,
en la cual se siente que el compromiso de comunicación
se da con otra persona y no con su pareja, aquí no se
llega a la cama, es una especie de "incomunicación
afectivo espiritual".
* Otro género,
un tanto inusual y menos común, pero que existe, es la
traición afectiva 'provocada', aquí los infieles
inducen esta situación con el objeto de salvar el matrimonio,
sí, tal cual lo leyó: "Personas que no han
logrado que su pareja los escuche lo suficiente, que se sienten
olvidados, quieren que su compañero(a) se entere de lo
mal que se sienten y que hay alguien esperando por si no se
les valora lo que ella o él requiere. Es una especie
de luz roja. Lo que le interesa es provocar un remezón,
que fortalezca el vínculo. Aunque suene extraño,
este tipo de infieles no desea esta relación, sino que
la provoca como un intento desesperado para salvar su matrimonio",
indican los especialistas.
Infidelidad
masculina básicamente plantea a un hombre inmaduro, que
la toma como un complemento a su relación, en vista de
su dificultad a la fidelidad o a poder profundizar en una relación.
Dentro de este tipo están también aquellos que
lo hacen para agredir a la pareja frente al compromiso, haciendo
sentir a su mujer que ellos no se sienten limitados al matrimonio,
manteniendo una puerta abierta de escape para la aventura ante
situaciones de su desagrado dentro del hogar.
La infidelidad
femenina al igual que en el varón se produce por el temor
al compromiso, por no sentirse lo suficientemente involucrada
con su compañero en el plano afectivo-comunicacional.
Dentro de las mujeres infieles están aquellas que han
tenido una sola pareja en sus vidas y pasado los 35 a 40 años,
sienten la curiosidad de experimentar sexualmente con otros
hombres. Hay algunos tipos de infidelidad femenina en que la
mujer lo hace con el objeto de manifestar su desprecio por la
figura masculina, usando al hombre y teniendo la sensación
de control, generalmente por una situación de venganza
ante episodios de su infancia provocados por su padre u otros
hombres. Muchas veces son mujeres frígidas, que hacen
todo el espectáculo frente a sus amantes, sintiendo en
su fuero interno que son ellas las que dominan la situación
y cuando quieren se deshacen del hombre.
También
dentro de las infidelidades se debe tener en cuenta la historia
familiar de las personas, en familias donde el padre ha sido
infiel, generalmente sus hijas en sus propios matrimonios empujan
a sus maridos a ello, como para repetir la fatalidad de sus
padres.
PAREJAS DE INFIELES AL FRACASO
En una investigación,
realizada sobre una muestra de 112 parejas formadas producto
de una infidelidad, el 72% de ellas fracasó. Según
lo sostuvo la investigación, "se tiende a elegir
el mismo tipo de persona y caer en la misma clase de errores.
Repiten la historia y lo más probable es que fracasen,
sin aprender de sus errores".
Otro dato
importante es que incluso hasta científicamente se ha
tratado de encontrar el gen de la infidelidad, sin resultados
positivos hasta el momento. Lo que sí se ha comprobado,
desde el punto de vista fisiológico, es que todas las
relaciones, incluso aquellas producto de una traición,
cuando se basan sólo en la atracción sexual o
en términos de pasión, su duración tiene
un máximo de cuatro años, a partir de los cuales
está comprobado que el interés decae y los conflictos
se incrementan, haciendo muy difícil sobrellevar una
estructura afectiva armónica con la pareja que tanto
se deseó al principio.
La figura
del amante puede a su vez ser, bien un episodio meramente transitorio,
o bien algo serio y con indicios de permanencia. Tengamos en
cuenta, que según las estadísticas, el 37% de
las infidelidades son aventuras de una sola noche y apenas el
12% de ellas duran más de un año.
En la decisión
del paso hacia la infidelidad ha de sopesarse no sólo
el brillo placentero de un flirteo o una "canita al aire"
con un cuerpo nuevo, sino el futuro de esa nueva relación
que nace y que puede amargar la vida de los tres implicados.
MITOS Y VERDADES
Por lo general,
"el hombre infiel busca sexo y la mujer persigue sentimiento".
En efecto, los psicólogos opinan que el hombre busca
el sexo fuera de la pareja y le daña más la infidelidad
sexual, aún sin sentimiento de amor, es decir, que su
compañera se acueste con otro. Por su lado la mujer busca
sentimiento fuera de la pareja y le hiere más el engaño
sentimental, aún sin sexo, o sea, que su cónyuge
ame a otra.
Existen
otros mitos sobre este tema, como que un adulterio siempre acaba
con el matrimonio. Falso, ya que un número considerable
de parejas superan la crisis producida y salen fortalecidos
de esta experiencia. Aquellas personas que creen que todo se
acabó con esta deslealtad - cuando existe la posibilidad
y las condiciones de reiniciar la relación -, se niegan
la oportunidad de aprender de los errores.
Suele creerse
que el amor impide que la infidelidad ocurra. Sin embargo, en
relaciones donde hay mucho amor también puede presentarse.
El amor disminuye las probabilidades, pero no garantiza la total
fidelidad. Así como tampoco lo asegura la intensa vida
sexual que pueda llevar un matrimonio. Personas que se llevan
bien en la cama pueden ser infieles por otras carencias, por
encontrarse en una ocasión de alto peligro, cediendo
ante la tentación o bien por sentimientos como venganza,
resentimiento o simple curiosidad que propicien este tipo de
aventuras.
Según
los sexologos "la primera infidelidad es como la pérdida
de la inocencia y deja huella muy difíciles de borrar:
puede que la relación nunca vuelva a ser la de antes,
pero no siempre para mal. A veces la aventura da pie para rehacer
una relación más sincera". Los especialistas
añaden que para ello el "arrepentido" debe
evitar cualquier contacto con el amante y disponerse a responder
todas las preguntas que le haga su pareja. En vez de dejar el
tema sin hablarlo, hay que sacarlo a relucir para recuperar
la intimidad emocional. Los sexólogos terminan por afirmar
que "ambos estarán curados cuando puedan incluso
bromear sobre ello, es decir, cuando ya lo han asimilado y se
sientan a gusto. Difícil, pero no imposible".
El temor
de muchas personas es el perdonar y que luego se vuelva a repetir
la situación. Quienes han cometido este engaño
y sienten arrepentimiento, optan por enmendarse, terminan con
la historia cuando se dan cuenta del dolor que han provocado
y valoran su unión por sobre la aventura.
Según
investigaciones sobre el adulterio sólo el 10% de las
personas que dejaron a sus parejas por otras continúa
indefinidamente con ellas. Cuando se acaba el embrujo de lo
prohibido y se instala la rutina, se suelen producir los mismos
roces que se tenían con la anterior pareja a la que se
fue infiel.
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