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Desde el comienzo de nuestra
existencia, la caricia juega un papel muy importante en nuestra capacidad
de sentir placer y de relacionarnos íntimamente con otro ser
humano.
De pequeños una caricia disminuía un dolor físico
o emocional, o nos hacía sentir la persona más importante
del mundo para alguien.
De adultos es la relación de pareja el espacio ideal para gratificarnos
mutuamente con la caricia.
Cualquier momento puede ser el adecuado para ello: si tomamos una ducha
juntos en la mañana, podemos consentirnos y juguetear bajo el
agua; las labores hogareñas como lavar los platos, cocinar, organizar,
etc, se hacen más divertidas con un abrazo sorpresivo, o un beso
picaresco en la oreja o cuello de la pareja. Los ratos de descanso,
leyendo o viendo televisión, se pueden combinar con caricias
tiernas y eróticas.
Como preámbulo a una relación sexual, la caricia no sólo
es importante sino indispensable para lograr un adecuado nivel de excitación
en los dos miembros de la pareja. Cultural y fisiológicamente
suele haber diferencias entre hombres y mujeres en el tiempo y estímulos
requeridos para llegar a un orgasmo. Por esta razón es necesario
hablar con la pareja al respecto, pedirle claramente lo que me excita,
decirle lo que no me gusta o me resulta doloroso, e igualmente preguntarle,
para llegar a acuerdos respetando siempre al otro y a mí mismo(a)
cuando algo no sea agradable.
Aunque haya hombres e incluso mujeres que no requieran de mucho preámbulo
para lograr excitarse, las caricias son un excelente medio para enriquecer
la relación sexual, prolongando el encuentro gratificante, para
lograr una entrega más plena, enriquecida con ternura, erotismo,
pasión, y no sólo un contacto genital mecánico.
Para fluir en la intimidad es necesario que cada miembro de la pareja
se sienta bien con su propio cuerpo. Sin importar lo hermoso que sea,
el cuerpo de cada uno es el instrumento que la vida le da, para encontrarse
íntimamente con el ser que ama. Cada uno puede ser profesor y
alumno de su pareja en el arte de la caricia. Permítase explorar
cosas nuevas como aceites para darse masajes, deje volar su imaginación
para utilizar sus dedos y manos de maneras ingeniosas, utilice otras
partes de su cuerpo como la lengua, los pies, los codos, etc. Recuerde
que la música y la palabra son complementos maravillosos de la
caricia física. Expresar verbalmente el amor, la emoción,
el pacer, también son otras formas de caricia que estimulan el
oido.
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